Un joven pingüino que apareció perdido en una playa de Nueva Zelanda no será llevado hasta su hábitat natural en la Antártida, pero los amigos humanos del ave por lo menos la ayudarán a acercarse un poco.

El pingüino, cariñosamente apodado "Pies Felices", generó gran interés después que fue hallado en la playa de Peka Peka en la Isla Norte de Nueva Zelanda, a unos 3.200 kilómetros (2.000 millas) de la Antártida. La salud del ave se deterioró rápidamente cuando empezó a comer arena y palos pequeños, pero fue sometida a una intervención y comienza a recuperarse.

Las autoridades de conservación han estado tratando de determinar cómo el pingüino, de 80 centímetros (30 pies) de altura, podría regresar a casa.

Originalmente descartaron la posibilidad de transportarlo hasta la Antártida por las dificultades logísticas y por temor de que el ave pueda transmitir a otros pingüinos enfermedades infecciosas que pudo haber adquirido durante su estadía en Nueva Zelanda.

El miércoles, un grupo de asesores dirigido por el Departamento de Conservación decidió que las autoridades ayudarían al pingüino con parte del camino y que lo liberarán en el Océano Glacial Antártico, al sureste de Nueva Zelanda. Tendrá que nadar el resto del camino.

"La razón por la cual no retornaremos al pingüino directamente a la Antártida es que los pingüinos de esta edad usualmente se encuentran al norte de la Antártida en bancos de hielo y el océano abierto", explicó Peter Simpson, vocero de biodiversidad del departamento.

El área donde será liberado está en la franja norte de la región donde viven pingüinos jóvenes. Simpson dijo que no sabía qué distancia tendrá que nadar el pingüino para llegar hasta su destino final.