Christine Lagarde ha viajado incansablemente para salvar el euro y para abrir camino para otras mujeres, desde Chicago hasta París, en espacios de poder ampliamente dominados por los hombres.

La todavía ministra francesa de Finanzas, con una sonrisa amplia y pasos agigantados, ahora enfrenta su trabajo más difícil: dirigir el Fondo Monetario Internacional. Lagarde se hará cargo de un puesto que dejó vacante un hombre acusado de intento de violación de una mucama en un hotel en Nueva York en momentos en que la institución está bajo nueva presión para estabilizar la economía mundial.

Lagarde fue nombrada el martes mientras Europa está en vilo al ver si Grecia puede ser salvada de un incumplimiento de pagos que podría sacudir los mercados en todo el mundo y amenazar el futuro del euro como moneda.

Aunque no es una economista con experiencia, ha dejado marca como la primera mujer al cargo del Ministerio de Finanzas de una de las mayores economías mundiales al rodearse de buenos consejeros, y utilizando su impecable inglés y experiencia en los medios para difundir su mensaje.

Si su pasado sirve de algo, la ex campeona de natación no palidecerá con el desafío que tiene por delante. Su actitud trabajadora y formas francas la alejan de la imagen altiva que frecuentemente se encuentran entre los políticos franceses y el FMI.

Al anunciar su candidatura el mes pasado, dijo que usaría "toda mi experiencia como abogada, ministra, directora y mujer" para hacer el trabajo.

Lagarde será capaz de comenzar a trabajar sin perder tiempo en el FMI debido a que está muy familiarizada con uno de los mayores desafíos de la institución: la crisis europea, dijo Jan Randolph, director de riesgo soberano de la firma consultora IHS Global Insight.

Los antecedentes de Lagarde son en leyes, algo que le puede resultar útil, ya que ella negoció los rescates financieros de Grecia, Irlanda y Portugal en una serie de tensas y largas reuniones durante el último año y medio.

Sin embargo, los problemas que han vuelto a surgir este año en Grecia han generado dudas sobre el acierto del rescate financiero del año pasado, y podrían generar dudas sobre la estrategia de manejo de crisis de Lagarde al momento de asumir el control del FMI. La indecisión europea y el manejo desarticulado de la crisis griega ha causado que se infle el precio a pagar por parte de los contribuyentes y de las instituciones internacionales que realizan los préstamos.

Sin embargo, las críticas no son algo nuevo para ella.

En la década de 1980, una firma de abogados en París le dijo a Lagarde que su sexo la descalificaba para subir a niveles gerenciales, según ha dicho. Por tanto, acudió con el despacho de abogados Baker & McKenzie de Chicago, en donde se convirtió en la primera mujer directora en 1999.

En Francia, un país cauteloso ante el capitalismo, se convirtió en defensora del libre mercado, incluso visitando las aulas como ministra de Comercio para enseñar a los alumnos franceses que no le temieran a la globalización.

Luego de convertirse en ministra de Finanzas en 2007, le prendió fuego al parlamento al decir que el pueblo francés necesita trabajar más y ser mejor remunerado por trabajo pesado con menores impuestos. Eso le valió el sobrenombre de "ministra de los ricos".

También ha tenido que enfrentar reveses. Tuvo que ceder en un esfuerzo para permitir que más tiendas en Francia abrieran los domingos y se enfrenta a posibles problemas legales en el país.

Han surgido dudas sobre su papel al obtener arbitraje en 2008 para el hombre de negocios francés Bernard Tapie, quien ganó 285 millones de euros (449 millones de dólares) como compensación por el mal manejo de la venta del fabricante de ropa deportiva Adidas. Lagarde era ministra de Finanzas al momento del fallo.

Se espera una decisión el 8 de julio sobre la posibilidad de abrir una investigación de sus acciones. Ella ha dicho que tiene "confianza total" en el tema.

Lagarde, de 55 años, creció en la región occidental de Francia y actualmente está divorciada con dos hijos mayores. Alguna vez dijo en un programa de televisión francés que cuando era estudiante en la época de los disturbios de 1968, su padre la inscribió al equipo de natación para mantenerla alejada de las protestas.

Luego de dos décadas en Estados Unidos, regresó a París para unirse a la política francesa en 2005, dejando un empleo de 600.000 dólares al año para convertirse en una ministra gubernamental menor. Ella por sí misma no ha iniciado ninguna reforma mayor, aunque ha sido una efectiva portavoz de las políticas financieras del presidente Nicolas Sarkozy.

Su carisma y sentido del humor se dejaron ver en una aparición en el programa de televisión estadounidense de sátira política "The Daily Show". Apareció con una boina y su cabello plateado frente al anfitrión del programa John Stewart durante una conversación sobre la crisis financiera mundial en la que logró tantas risas y aplausos del público como el mismo Stewart.

Ahora, su desafío será distanciarse de Francia y su nacionalidad para concentrarse en el balance económico mundial.

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La periodista de The Associated Press Sarah DiLorenzo contribuyó a este despacho en Londres.