Tiger Woods no tiene que usar ya muletas ni botín ortopédico. Tampoco se ha afeitado ni ha golpeado una pelota de golf en 47 días y no tiene idea de cuándo practicará o jugará otro torneo.

Todo lo que pudo decir con certeza el martes es que no volverá al golf hasta que se encuentre plenamente saludable.

"Usualmente fijaba una fecha de cuándo quería volver y jugar cuando me lesionaba", dijo Woods en el torneo AT&T National, que aporta recursos a su fundación benéfica. "Esta vez es diferente. Voy a aprender la lección de lo que hice en (el torneo) The Players y voy a aplicarla esta vez y a regresar cuando esté al 100%. No sé cuándo será eso... Lo frustrante de esto es que por ahora no lo sé".

Aunque no descartó la posibilidad de jugar el Abierto Británico, que comienza el 14 de julio en el campo del club Royal Saint George, Woods dió a entender que se perdería otro major.

"No iré allá sólo para presentarme", dijo. "Iré allá a ganar el torneo, así que obviamente necesito que mi cuerpo esté listo para poder practicar y finalmente jugar".

Por ahora, Woods no tiene muchas ocupaciones. Miró el U.S. Open por televisión y se mostró sorprendido por la forma en que el norirlandés Rory McIlroy igualó su récord al tomar una ventaja de seis golpes luego de 36 hoyos y luego siguió aplastando a los rivales para conquistar el certamen con una diferencia de ocho golpes.

Por primera vez en público, Woods lució una barba, aunque no se compara con la de otro golfista, Lucas Glover, la cual se tornó tan famosa que incluso alguien le abrió una cuenta en la red social de internet Facebook.

Woods no juega desde el 12 de mayo, cuando se retiró después de nueve hoyos en el Players.

Fue su primer torneo desde que sufrió "lesiones menores" en el tobillo izquierdo y en el tendón de Aquiles al adoptar una postura incómoda para hacer un golpe entre la maleza y hojas secas de pino en el Masters.