La Calle Sexta podría ser la antítesis de aquel verso que ha flotado entre varios poetas y músicos de varias generaciones: "el bulevar de los sueños rotos".

Pareciera que en esta arteria de la ciudad nadie se siente solo, ni le teme a la violencia de los carteles de la droga que estremece esta ciudad fronteriza con Estados Unidos, donde hubo más de 2.300 muertes entre 2008 y 2010, según la Procuraduría General de Justicia de Baja California.

Es una larga avenida histórica de once cuadras llamada Flores Magón, en el distrito Centro, con un par de cuadras que se cruzan con la emblemática Avenida Revolución y donde han florecido comercios y una intensa actividad cultural desde finales de 2008.

Desafiando el miedo, miles de personas comenzaron a abarrotar sus bares, restaurantes y salones de baile, al tiempo que artistas locales salían a las calles y pintaban murales, cantaban ópera y leían poesía.

Surgieron nuevos establecimientos y se rehabilitaron otros, incluido el restaurante donde se inventó la ensalada Caesar's.

Poco a poco, y con la actividad febril de los fines de semana, 'La Sexta' se convirtió en símbolo de que la gente no debía esconderse en sus casas para resguardarse de la violencia de bandas criminales que aterrorizaban con secuestros, ejecuciones y escenas de sadismo: cadáveres colgados en puentes, decapitados o mutilados.

"Es una bocanada de oxígeno en un espacio donde la propia ciudad se convierte en un contexto de miedo, miedo derivativo, ante escenarios de riesgo", dice el antropólogo social e investigador del Colegio de la Frontera Norte José Manuel Valenzuela. "Lo peor que podemos hacer es abandonar las ciudades. Debemos tomarlas, buscar formas de convivencia, formas de estar juntos... Es el único antídoto frente a algo que estamos viviendo, que es muy intenso".

Un fin de semana reciente, estudiantes universitarios, taxistas y obreros se mezclaban con artistas locales, profesionales y hombres maduros. Con ánimo festivo, colmaban antiguos bares y salones de baile, cantinas de reciente apertura y restaurantes.

El renacimiento de la calle fue obra de un movimiento civil y espontáneo. El gobierno local no se involucró en el proyecto, que lo tomó por sorpresa, pues algunos políticos de la entonces administración panista de Jorge Ramos aconsejaban a la población no salir de sus casas por la serie de matanzas y secuestros que ocurrían en sus calles.

Incluso la Administración de Ramos (2007-2010) no incluyó a la calle en el millonario Programa Integral de Repavimentación de tres millones de metros cuadrados de bulevares y avenidas de la ciudad. Entre ellos estaban las calles Quinta y Tercera del distrito Centro, que reconstruyeron para colocar el concreto conocido como "White Topping".

La música da una idea de lo que sucede en el lugar: se escucha banda sinaloense en vivo, música electrónica, salsa, cumbia de La Sonora Dinamita, boleros rancheros de Javier Solís, rock nacional y anglosajón, acordeones de un grupo norteño y trova.

La historia sobre cómo y cuándo fue que las sinfonías de estos lugares dejaron de tocar cumbias clásicas y dieron paso a un rock alternativo o a un pop moderno es la misma historia que narra el renacimiento de la calle.

Rosa Aída de Escobedo, de 70 años, 58 de ellos como propietaria del bar Dandy del Sur, explicó que hace tres años comenzaron a visitar su lugar jóvenes relacionados con las artes. Leían poesía, presentaban libros o hacían alguna exposición.

Luego, el grupo de música colectivo de DJ's Nortec compuso una canción que la tituló igual que el bar y pronto otra oleada de jóvenes buscó conocer el lugar. Nortec le dio un nuevo valor a la cultura fronteriza y a ese ser humano que habita esta región, cuya única constante es el cambio, a través de su música, su mestizaje léxico y musical y un sincretismo cromático.

"La música comenzó a variar un poco", dice Escobedo. "Buscaban rock, pero también ponían en la sinfonola (rockola) rancheras clásicas. A nosotros nos sorprendió cómo estos jóvenes se hacían nuestros clientes".

El renacer de 'La Sexta' ha ocurrido en un trasfondo de horror y muerte. La guerra entre los carteles dejó una estela de 2.327 muertes violentas entre 2008 y 2010, según la Procuraduría General de Justicia de Baja California.

A 13 de junio de este año se contaban oficialmente "sólo" 240 muertes.

También se reportaron 390 personas desaparecidas y más de cien secuestros en esos años, según la Asociación Ciudadana contra la Impunidad, un organismo que representa a las familias de 234 víctimas.

Un número indeterminado de familias abandonaron la ciudad huyendo de la violencia, los tiroteos en lugares públicos y las constantes revelaciones de que más de 700 policías municipales y estatales habían sido retirados porque no inspiraban confianza.

Unos 2,000 policías fueron desarmados y sus armas fueron examinadas para determinar si se habían realizado crímenes con ellas, dice un cable de dos de marzo de 2007 de la Embajada de Estados Unidos en México, obtenido de manera independiente por la Associated Press (AP).

Las autoridades militares y civiles establecieron en 2008 un plan de coordinación en el estado con un mando único y militares en los principales cargos. Hubo depuraciones policíacas y una intensificación de operativos y patrullajes.

El algún momento, en Tijuana se dijo que las medidas estaban dando resultado y se produjeron importantes decomisos de droga, armas y el arresto de narcotraficantes.

Pero diplomáticos estadounidenses insistieron --en un cable de 23 de enero de 2009 conseguido de manera independiente por la AP-- en que buena parte de la violencia que ocurre en México se concentró en dos ciudades: Ciudad Juárez y Tijuana.

La Avenida Revolución, termómetro del estado de la economía de la ciudad, perdió su alma. Según las autoridades, de 724 comercios establecidos en esa calle, sólo permanecían abiertos 325 en 2009. Hoy, la ocupación de esos locales se ha mantenido en un 50%.

José Luis Flores, de 31 años, fue uno de los empleados despedidos de un restaurante de la Avenida Revolución a principios de 2008. Se fue a trabajar a La Estrella, un popular salón de baile con 30 años de antigüedad en 'La Sexta', que era visitado principalmente por obreros, migrantes y empleadas domésticas.

"La Estrella sintió la crisis, pero continuó porque no dependía del turismo sino de la gente de aquí", dijo Flores, quien ahora es gerente del salón. "A finales del 2008 pasó algo curioso: comenzaron a venir muchos jóvenes y a poner su música, ya no se tocaron cumbias viejitas sino reggaeton y banda".

En 'La Sexta' también abrieron bares tipo pub y locales de corte cultural.

"Queríamos empezar a regresar a la gente a las calles de la ciudad, crear nuevas opciones de entretenimiento para los tijuanenses", dice Mirza Muñoz, una artista plástica de 31 años, propietaria del bar Santa Leyenda en 'La Sexta', que abrió en diciembre de 2009.

Otro comerciante de la zona, Giuseppe Di Carlo, de 80 años, cree que la revitalización de la calle es pura ilusión. Di Carlo, propietario desde hace 41 años del Tropic's Bar, sostiene que "la mayoría (de los clientes actuales de La Sexta) son jóvenes universitarios que sólo consumen cerveza y quieren ir de un lugar a otro, conocer. Se recibirán (graduarán de sus carreras) y no regresarán más".

"Esto es algo pasajero", opinó.

El antropólogo Valenzuela, autor de "Jefe de jefes", entre una treintena de obras de sociología, cree en cambio que la vitalidad de 'La Sexta' contribuye a generar una transformación de los escenarios de violencia pues ofrece "nuevas maneras de habitar la ciudad".

Inspirados en la vitalidad de la calle y sus ideas, grupos comunitarios y artísticos comenzaron a presentar eventos que hicieron que la gente dejase de pensar tanto en la violencia y que trascienden los límites de esa calle.

A dos cuadras de 'La Sexta, en un local abandonado, un club de personas de la tercera edad empezó hace un año a frecuentar los fines de semana un sitio para bailar danzones y salsa.

Pronto se le conoció como "el lugar donde bailan los viejitos".

Al principio se juntaban unas 50 parejas, pero pronto los fines de semana comenzaron a llegar hasta 1,200 personas de todas las edades, explicó Miguel Rodríguez, de 66 años, quien se autodenomina promotor de estos eventos.

A una cuadra de 'la Sexta', poetas locales leen sus obras y el grupo Ópera Ambulante, compuesto por cantantes profesionales, presentan sus obras en lugares públicos cerrados, como la terminal de autobuses, y, ante la sorpresa de los presentes, cantan arias populares.

"No podemos esperar a que el ambiente de inseguridad y de crisis económica se calme para nosotros abrir nuestro proyecto. Somos un grupo que tiene la esperanza, la fe, de que nosotros mismos podemos cambiar la ciudad", dijo Luis Eduardo Díaz, un diseñador gráfico al frente de una galería del Pasaje Rodríguez Arte y Diseño (PRAD), un centro cultural inaugurado en abril de 2010.

En julio el chef Javier Plascencia, uno los cocineros más creativos del país, rescató el espacio del restaurante del hotel Caesar's, donde se inventó la ensalada homónima, a una cuadra de 'La Sexta' y en el que ofrece la "cocina Baja Med".

Una noche reciente una pareja salía del salón La Estrella y se disponía a ir a otro bar. Mientras esperaban cruzar la avenida, se detuvieron y miraron tomados de la mano el mural "A pesar de todo Tijuana se mueve".

Después de contemplar la pintura se besaron. Al fondo se escuchaba la melancólica voz de Thom Yorke de Radiohead que salía de la puerta de una cantina y muy lejos un son norteño que escapaba de otro lugar.

En una ciudad sacudida por la violencia, se trata de una escena llena de vida.