TEPCO, propietaria de la central de Fukushima, celebró hoy una acalorada junta de accionistas que, en plena crisis nuclear, no logró despejar las dudas sobre su futuro ni sobre los progresos para contener un desastre que ha desplazado a unas 50.000 familias.

Con una duración récord de más de seis horas, la junta fue la primera tras la catástrofe del 11 de marzo y contó con la presencia récord de más de 9.000 accionistas, muchos de ellos irritados por la gestión del peor accidente nuclear en los últimos 25 años.

El encuentro se desarrolló en un hotel del sur de Tokio entre estrechas medidas de seguridad por las protestas de activistas que portaban pancartas y reclamos contrarios a la energía nuclear y que sobrellevaron en los alrededores, durante largas horas, las altas temperaturas de hoy.

El calor de la calle se trasladó al interior de la junta, donde los accionistas, airados, interrumpían los discursos de los directivos con gritos de indignación por las consecuencias, humanas y medioambientales, que la crisis nuclear han tenido para el país, según relataron algunos de los asistentes.

Las disculpas del presidente honorario de la empresa, Tsuhahisa Katsumata, por las "molestias y preocupación" causadas por el accidente sirvieron de poco para apaciguar a algunos accionistas, que llegaron a pedir a gritos a los directivos que fueran ellos mismos a controlar los deteriorados reactores.

El enfado de los accionistas aumentaba conforme se aprobaron las órdenes del día establecidas por la dirección, que cuenta con el apoyo de los accionistas mayoritarios, casi todos grupos financieros o institucionales.

El hasta ahora número uno de la eléctrica, Masataka Shimizu, presentó oficialmente su dimisión, ya anunciada el 20 de mayo, y fue sustituido por Toshio Nishizawa, uno de los directores ejecutivos del grupo y que ahora se enfrenta a la ardua tarea de dar por concluida la crisis nuclear.

También se rechazó, como estaba previsto, una moción presentada por un grupo de unos 400 pequeños accionistas que pedían que TEPCO abandone la generación de energía atómica y desmantele los reactores existentes.

La operadora de Fukushima afrontó la junta con una pérdida en Bolsa desde el 11 de marzo de más de 25.000 millones de euros, cerca de un 90 por ciento de su valor.

Sus acciones tocaron el pasado 9 de junio un mínimo histórico de 148 yenes, frente a los más de 2.000 yenes que valían antes del accidente nuclear.

Además, TEPCO, la primera eléctrica nipona y única proveedora de energía de la zona metropolitana de Tokio, afronta unos daños económicos que, según los expertos, podrían superar los beneficios que ha obtenido en los últimos 38 años con la generación de energía atómica.

A los problemas con los accionistas se suman los que afrontan los trabajadores de la maltrecha central, incapaces de hacer funcionar de forma estable un crucial sistema para reciclar el agua altamente radiactiva que se acumula en las instalaciones, algo vital para cerrar la crisis.

El sistema se puso en marcha ayer pero lo tuvieron que detener hora y media después por una fuga, en el segundo intento malogrado en dos semanas para activarlo.

El dispositivo es necesario para limpiar las más de 110.000 toneladas de agua radiactiva que inundan la planta y que TEPCO quiere reutilizar para refrigerar los reactores.

Aunque trabajan contrarreloj, los técnicos solo han podido descontaminar 1.850 toneladas del agua acumulada, que aumenta día a día por los vertidos de los operarios y las lluvias de esta época y que amenaza con filtrarse al exterior en una semana.

Pese a los problemas, la operadora mantiene su objetivo de restaurar la refrigeración de los reactores este verano y llevarlos a "parada fría" para enero de 2012.

El terremoto y el tsunami del 11 de marzo desataron la peor crisis nuclear desde Chernóbil, que ha obligado a evacuar a decenas de miles de personas y ha afectado seriamente a la agricultura, ganadería y pesca local.

Por Javier Picazo.