Tras casi dos años de giras por España, el músico de este país Quique González trae la desnudez musical y el intimismo de "Desbandados" a Estados Unidos, su primer contacto con el lugar de origen de la música que ha forjado su estilo, por lo que la aceptación aquí le da "un extra de confianza".

"Siempre tenemos en España ese complejo de que no vamos a gustar fuera... y claro mis raíces musicales tienen mucho que ver con este país, por lo que gustar aquí es muy emocionante", dijo en una entrevista con Efe el cantautor madrileño, que hoy se presenta en Nueva York tras haberse lanzado a la aventura de tocar en Albuquerque (Nuevo México) el pasado sábado.

"Aparentemente allí no había nada, solo desierto, pero nos sorprendió encontrarnos con una ciudad magnífica, con mucha mezcla, y al contrario de lo que pensábamos, el público era totalmente 'yanqui'. Fue un reto porque son una gente que tiene mucha música que yo he mamado", explicó González.

Por ello conectar con ese público "virgen", que no conocía sus canciones y en un país en el que jamás había tocado, supuso para el cantautor lo que él califica como una "bola extra", un añadido de confianza y seguridad "que te hace creer más todavía en lo que haces".

El madrileño, que se desmarca del concepto tradicional del término "cantautor" añadiendo claves de blues y rock a sus canciones, se enfrenta ahora al público neoyorquino en un concierto del que señaló: "Venga más o menos gente, solamente el hecho de tocar aquí será un poco mítico para mí".

En el íntimo Mercury Lounge del East Village neoyorquino, González traerá a la Gran Manzana "Desbandados", una gira acústica que arrancó en Santander en marzo pasado y que nació de la necesidad de hacer "conciertos más libres y menos sujetos a un repertorio fijo".

Rarezas, canciones no editadas o versiones como "Hoy puede ser un gran día" de Joan Manuel Serrat componen esta gira en la que tan solo se presenta con su "hermano, no de sangre pero sí de verdad", el bajista Jacob Reguilón, con quien desnuda el escenario de instrumentos para que "la canción salga por encima de los sonidos".

Así González se baja de esa altura en la que estuvo durante más de un año gracias a la gira de su último álbum, "Daiquiri Blues", que grabó en Nashville (Tennesse) y con el que llenó salas como el Palau de la Música de Barcelona o La Riviera de Madrid, para encontrarse ahora con el público en un formato "más íntimo, más abajo".

Lo hará así en un Nueva York donde se imagina siguiendo las huellas de su "referencia principal, maestro absoluto y universal" que es Bob Dylan, de quien ha leído múltiples biografías y a quien se imagina viviendo en el Village neoyorquino en los años sesenta, paseando por las calles del mismo barrio en el que ahora tocará también él.

Pero el madrileño no quiere que esta gira por Estados Unidos -precedida por una parada en Quito (Ecuador)- se quede en algo anecdótico, por lo que espera que éste sea un primer paso para poder volver a tocar en este país más veces.

Después de Nueva York, González llevará "Desbandados" a Chicago este jueves y a Miami el sábado, en lo que califica como un "buen final" para estos largos e intensos dos años de giras por España, por lo que ahora se tomará un año de descanso para preparar su próximo disco.

"Tengo cinco o seis canciones que me gustan para el siguiente álbum pero igual es mejor parar, llenarme y alimentarme de otras cosas para que cuando las asimile puedan salir cosas diferentes a las que he estado haciendo hasta ahora", explica el artista, que a sus 37 años ya tiene una biografía de su vida, "Una historia que se escribe en los portales".

"La verdad es que tengo que estar agradecido de que alguien, en este caso Eduardo Izquierdo, se interese tanto como para escribir un libro sobre mí", dice humilde el cantautor, quien sin embargo no cree "que sea necesaria porque espero que me queden muchas cosas por hacer".

Teresa de Miguel