Decenas de miles de pasajeros se ven obligados a dar vueltas diariamente sobre Londres mientras sus aviones esperan el permiso de aterrizaje en el aeropuerto internacional de Heathrow, el de mayor tráfico del mundo, publica hoy el diario The Times.

Un 60 % de las llegadas a la capital británica sufre retrasos, lo que no sólo frustra a los pasajeros, sino que supone un enorme costo para la economía, precisa el periódico.

Los aviones pasan un total de 55 horas circulando cada día, consumiendo así inútilmente 190 toneladas de combustible y soltando a la atmósfera 600 toneladas de CO2, según cifras del servicio de control del tráfico.

En la hora de mayor tráfico, hacia el final de la mañana, entre 32 y 40 aviones sobrevuelan al mismo tiempo Londres y el retraso puede llegar a veinte minutos, agrega el rotativo.

El valor del combustible despilfarrado diariamente por ese motivo, que el periódico cifra en 190.000 dólares, no es, sin embargo, nada comparado con el costo económico de las reuniones a las que no puede asistir el viajero por llegar tarde, las conexiones aéreas perdidas o el tiempo de vacaciones malgastado.

Esos datos se hacen públicos cuando las mayores líneas aéreas buscan alternativas a Heathrow por la imposibilidad de expansión de un aeropuerto que está ya funcionando a un 98 % de su capacidad.

Las aerolíneas, junto a las empresas dedicadas al comercio, se muestran muy críticas con la decisión del Gobierno de David Cameron de rechazar el proyecto de construcción de una tercera pista en Heathrow y de prohibir otras nuevas en Gatwick y Stansted, aeropuertos que sirven también a Londres.

En una reunión de empresarios celebrada la pasada semana se pidió al ministro de Economía, George Osborne, que estudie la posibilidad de construir un nuevo aeropuerto en el estuario del Támesis como posible solución, señala.

El alcalde de la capital, Boris Johnson, cree que la construcción de un aeropuerto con cuatro pistas en una isla al este de Londres mejoraría la calidad de vida en la capital y contribuiría a estrechar los lazos comerciales con los países emergentes.