Un legislador de la región opositora de Santa Cruz planteó gravar el comercio de la coca en momentos en que esa hoja se ha convertido en dolor de cabeza para el mandatario que forjó su carrera política defendiéndola.

"Vamos a establecer una tasa a los comercializadores de la coca. Aquí en Santa Cruz se ha convertido en un vicio para mucha gente", dijo a medios locales el concejal de la alcaldía de esa ciudad, Oscar Vargas.

Un impuesto permitiría controlar la producción y el comercio de la hoja, que actualmente se negocia sin impuestos, y parte de la cual es desviada a la elaboración de cocaína, expresó el político opositor al gobierno central.

Vargas no dijo de momento cómo aplicará el tributo ni a cuanto ascendería, pero ofreció presentar formalmente su propuesta la semana entrante.

El viceministro de Coca y Desarrollo Integra, Germán Loza, planteó en mayo una medida similar pero antes de hacer una propuesta concreta, espera los resultados de un demorado estudio sobre usos lícitos de la planta que el gobierno le encomendó a un equipo especial. El informe del estudio lleva por lo menos 10 meses de retraso respecto a la fecha en que habían ofrecido entregarlo.

Pero estos días la coca pasó a convertirse en proyectil contra el gobierno que se ha visto impedido de controlar su expansión y el crecimiento del narcotráfico, según diversas opiniones, incluido el último informe de la ONU.

La semana pasada, la diputada de la coalición opositora Convergencia Nacional (CN) Adriana Gil planteó en el pleno debatir una norma interna para aplicar un control antidoping a sus colegas que mastican coca para aguantar la maratónicas sesiones.

"Lo que pido es bastante serio porque tengo dudas del aguante de los diputados y senadores del Movimiento al Socialismo (partido de Morales) porque ni siquiera duermen para aprobar leyes", dijo ante la sorpresa de los oficialistas.

El jefe de la bancada del MAS, Edwin Tupa, admitió ante periodistas que él y muchos de sus correligionarios mastican coca para no dormirse en ciertas sesiones del legislativo.

La propuesta de Gil surgió cuando los diputados debatieron un proyecto de ley, en presencia del canciller David Choquehuanca, que faculta al gobierno a denunciar la Convención de la ONU sobre estupefacientes de 1961 que penaliza el masticado de coca, una práctica ancestral entre los indígenas andinos. Morales fracasó en sus gestiones para lograr que el organismo mundial levante la sanción.

Morales explicó que ahora la estrategia es denunciar esa convención mundial aunque no con la intención de abandonarla definitivamente sino para volver a adherirse con una reserva precisamente respecto al artículo de la misma que exhorta a abolir la tradición del masticado de coca.

En los circulos oficiales de Bolivia, esa práctica es defendida por considerarla una herencia cultural de los indígenas andinos en la que la coca desempeña no solo un papel medicinal y curativo, sino también es utilizada con fines místicos para algunos rituales.

En su estado natural el masticado de coca no es un narcótico pero es un ligero estimulante que disipa el cansancio y neutraliza el hambre. Los indígenas la mastican desde antes de los incas y esa práctica se ha extendido a todo el país.

Pero se ha dado casos en los que deportistas han dado positivos en controles de consumo de sustancias prohibidas y en su defensa esgrimieron haber solo consumido mate de coca, una infusión hecha con las hojas del arbusto.

Tal fue el caso del defensor Miguel Angel Rimba, quien en las eliminatorias del Mundial de 1994, en el cual Bolivia compitió por primera vez a ese nivel, dio positivo a un control antidoping debido a que, según dijo, en el medio tiempo bebió mate de coca.

Rimba es hoy viceministro del Deporte y en ese momento la FIFA levantó una sanción después de que la Federación Boliviana de Fútbol apeló el caso.

En febrero, la experta uruguaya de la Agencia Mundial Antidopaje, María José Pesce, recomendó a los deportistas consultar a un médico si van a consumir mate de coca antes de una competencia. "La regla es que si se encuentra en la orina una sustancia prohibida, se empieza un proceso de investigación para ver si es dopaje", explicó.

Pesce dijo que para contrarrestar el mal de altura que le causó estar en La Paz, ubicada en Los Andes a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, bebió mate de coca y hacerlo no le provocó ningún tipo de "estímulo".

Por si fuera poco, un subgobernador de Santa Cruz, Sebastián Hurtado, la semana pasada tildó a la coca de "maldita" y calificó a los ayoreos, un pueblo indígena del oriente, de "lacra" al juzgarlos porque se la pasan masticando coca, bebiendo alcohol y fumando.

Líderes indígenas han pedido un juicio contra Hurtado con base en una reciente ley castiga el racismo y que podría sancionarlo con la destitución del cargo público que ocupa.

Entre 15.000 y 20.000 hectáreas de coca son permitidas por las autoridades y están destinadas a usos tradicionales, pero hay otras 10.500 hectáreas que se desvían a la cocaína, según estudios de 2009. La ONU postergó su último informe sobre crecimiento de cocales en Bolivia.

La coca se expande incluso en sindicatos bajo la batuta de Morales quien no ha dejado su cargo de líder cocalero. Las autoridades han dicho que aplicarán mano dura a los infractores y hace un par de semanas desplegaron efectivos policiales y militares para destruir cocales que estén por encima de la extensión tolerada.

La Constitución que impulsó Morales califica a la coca como patrimonio cultural y natural del país.