El estado de Massachusetts es testigo de una auténtica tragedia griega: dos hermanos cuyas vidas divergen radicalmente — uno en el submundo de la delincuencia, el otro en las altas esferas de la política estatal — pero cuyos destinos están ligados en forma inextricable.

Varias generaciones de residentes de Boston han observado cómo se desenvuelve el drama de la vida real del ex presidente del Senado estatal, William "Billy" Bulger, y su hermano mayor, el presunto mafioso James "Whitey" Bulger.

En el corazón de la historia, al menos para el hermano más joven, hay una fuerte lealtad a la familia y la experiencia compartida de crecer en un enclave irlandés-estadounidense de clase obrera en el sur de Boston, donde es muy borrosa la línea que separa las peleas a puño limpio del estilo agresivo de hacer política.

Ambos hermanos también compartieron algo más: una disposición a utilizar todo el poder que estuvo a su disposición.

En el caso de William, se trató de una aguda comprensión de la política a nivel de calle que lo catapultó hacia una de las posiciones más poderosas en Beacon Hill, uno de los vecindarios más atractivos y caros en Boston, donde se ganó una reputación de persuasor con la que pocas veces perdió alguna batalla.

Para "Whitey" — según una pila de acusaciones de casi tres centímetros (una pulgada) de espesor_, ese poder provino del cañón de una pistola y una camarilla de matones.

El sorprendente arresto de "Whitey" esta semana tras 16 años de estar prófugo, a fin de que enfrente 19 cargos de asesinato, puso de nuevo la historia de ambos hermanos en el centro de atención local.

Es una relación que ha perseguido a William Bulger a lo largo de su carrera política, al grado de que lo obligó a renunciar como rector de la Universidad de Massachusetts en 2003, después que testificó ante una comisión del Congreso que investigó los vínculos del FBI con su hermano, que según se reveló entonces fue informante de dicha agencia federal.

Después de que se le dio inmunidad, William reconoció haber recibido una llamada de "Whitey" poco después de que huyó.

"Su tono era de 'No creas todo lo que se dice sobre mí''', dijo William Bulger. "Creo que él me pidió que le dijera a todos que estaba bien... Creo que le dije que esperaba que todo esto tuviera un final feliz".

Dos años antes, William Bulger le dijo a un jurado investigador que no quiso convencer a su hermano de que se entregara porque no pensó "que hacerlo fuese en su mejor interés", según la transcripción de su testimonio obtenida por el diario The Boston Globe.

Para William Bulger se trataba simplemente de tratar de defender a su hermano, un papel que había aceptado desde hacía mucho tiempo, mientras "Whitey" supuestamente se sumergía cada vez más en un violento submundo criminal.

En su libro de memorias de 1996 "While the Music Lasts" (Mientras dure la música), William Bulger describe a "Whitey" — cinco años mayor que él — como una persona en "un estado constante de rebelión" y "tan inquieto como un claustrofóbico en un armario oscuro".

Whitey se sumó a un grupo involucrado en asaltos bancarios y en 1956 fue condenado a 20 años de cárcel por participar en tres robos a bancos. Al final cumplió una sentencia de 11 años en la prisión de Alcatraz.

Tras recuperar la libertad, "Whitey" regresó a las actividades delictivas y supuestamente se volvió más brutal, mientras William Bulger subía entre las filas legislativas estatales. En 1970 éste ganó un escaño en el Senado y ocho años más tarde fue elegido presidente de la cámara alta estatal, de 40 miembros, un cargo que mantendría durante un récord de 17 años.

Incluso después de que "Whitey" huyó en 1995, en la víspera de ser sometido a cargos por extorsión, William permaneció fiel a su hermano. Acusó a los fiscales de tratar de comprar testimonios en contra de "Whitey" con la promesa de una liberación anticipada.

Durante una breve comparecencia de "Whitey" en la corte federal de Boston el viernes, los dos hermanos ancianos tuvieron un singular encuentro fugaz. Whitey, de 81 años, le sonrió a su hermano menor y moviendo sólo la boca le dijo "Hola". William le devolvió el saludo con una sonrisa.

Al salir de la corte, William habló brevemente con los periodistas y parecía a punto de llorar.

"Es una experiencia inusual", dijo.