La escritora y periodista Rosa Montero afirmó hoy que la sociedad española ha vivido "de espaldas a lo fantástico" y sigue aún instalada en un gran prejuicio en contra de subgéneros literarios como la ciencia ficción.

"La gente que ha hecho literatura fantástica lo ha pasado fatal en España, por ejemplo Álvaro Cunqueiro (1911-1981). Ha sido un apestado dentro de su época y de su generación porque la hacía", dijo a Efe en entrevista Montero (Madrid, 1951).

Montero acaba de presentar en México su última novela, "Lágrimas en la lluvia" (Seix Barral, 2011), donde ha combinado ciencia ficción y novela negra en el Madrid del año 2109.

La que considera su obra más realista no es utopista ni catastrofista: "Tiene una parte de novela política en el sentido más amplio de la palabra", "de cómo los ciudadanos debemos empujar por el progreso, porque no va solo", y un final que invita a la esperanza, señala.

Es la segunda de ciencia ficción después de "Temblor" (1990) de Montero, quien también construyó un mundo futurista en "La función delta" (1981), su segunda novela.

"El tema principal es la gran tragedia del ser humano, que es venir al mundo con tantos deseos, ansias de vivir, con tanta capacidad para disfrutar de la hermosura de la vida y, al mismo tiempo, devorado por la muerte que nos crece dentro y por la fugacidad del tiempo", afirma Montero.

La escritora y periodista es una entusiasta del género fantástico, que "no es una cosa esotérica que se evada de la realidad", como algunos lectores piensan.

"Al contrario, te proporciona una herramienta poderosa, metafórica, para profundizar en lo real. Así que, para mí, cuando hablo de que esta novela sucede en Madrid en el año 2109, en realidad está hablando de la condición humana y del aquí y el ahora", afirma.

Vehemente, afirma que el realismo "engloba los sueños, las fantasías, y las pesadillas y delirios del ser humano", algunos de los cuales llegaron incluso a cambiar la realidad del siglo XX, como el nazismo.

Montero recuerda que la literatura fantástica en su riqueza "engloba a Borges o a Kafka" y lamenta que España sea "una sociedad que está de espaldas a lo fantástico, en general".

Cree que en parte ello es consecuencia de que "se nos educa en que el otro, el que tiene sueños, es un loco del que se ríe todo el mundo", dice.

"Nuestra obra nacional emblemática, que es El Quijote, muestra cómo el que sueña es un loco, y un loco que pierde. Y el que es el emblema de lo real es el pobre Sancho, que tiene orejeras, es una realidad miserable que no levanta del suelo", recuerda.

Otro motivo para esta lejanía de autores como el ruso Isaac Asimov (1920-1992), el británico Arthur C. Clarke (1917-2008), el estadounidense Ray Bradbury (1920), el chino de origen británico James G. Ballard (1930-2009) o el canadiense Alfred Elton Van Vogt (1912-2000), es "por el agujero que tenemos con la ciencia".

"Ha habido poquísimos (científicos), son absolutas excepciones. Eso incluso hace que esa rama de lo fantástico sea todavía más mirada con sospecha", apunta Montero.

Montero desea que su novela "quite un poco el prejuicio por el bien de la gente y del género, porque la ciencia ficción tiene novelas maravillosas" a las que le gustaría que se acercaran más lectores.

Destaca entre los autores a la estadounidense Ursula K. Le Guin (1929), "una de mis grandes maestras", confiesa.

Finalmente la escritora española se dice convencida de que "el mundo dejado a su libre albedrío no va solo hacia el progreso", algo que plasmó en "Lágrimas en la lluvia", que encierra el mensaje de que sólo empujando "las cosas mejoran".

"La refundación del universo y de la sociedad es imposible", recuerda Montero, abierta simpatizante del movimiento de protesta y renovación surgido en España el mes pasado.

"Estoy absolutamente a favor del movimiento, pero tampoco creo, soy ya lo suficientemente mayor para saber que no se puede reinventar el mundo. No se reinventa nunca", agrega.

La escritora vaticina que "el movimiento del 15-M terminará subsumido, comido por la historia, pero eso no quiere decir que desaparezca".

"La sociedad lo asume y asume parte de esas reivindicaciones sin duda", concluye.