El hampón James "Whitey" Bulger hizo todo lo que debía para pasar inadvertido y eludir su captura durante dieciséis años. Su evasión de la ley fue notable por su duración, que se debió principalmente a la nueva identidad que supo crearse mientras estaba preso.

Adoptó un estilo de vida discreto, pagaba todo con dinero en efectivo, no conducía un automóvil, limitaba sus contactos sociales a diálogos intranscendentes y adhería al código de silencio del ambiente del hampa del que procedía. Cuando los agentes federales lo rastrearon hasta su madriguera esta semana, fue sólo después de caer sobre el único vestigio del pasado del que Bulger no se había desprendido: su novia de años, Catherine Greig.

Según todas las referencias, la pareja hizo muy poco para despertar sospechas posando como dos retirados en un edificio de departamentos como muchos otros en Santa Mónica.

Bulger huyó de Boston en 1995 después que un agente retirado del FBI que lo había reclutado como informante le dio el aviso de que lo iban a instruir de cargos. Tenía supuestamente millones de dólares en cuentas secretas, y pese a que los investigadores hallaron 800.000 dólares escondidos en el departamento, la pareja no vivía ostentosamente. Pagaban en efectivo 1.145 dólares mensuales por mes por un departamento de renta controlada, mientras que los inquilinos más recientes pagaban más del doble. Greig hacía compras en una tienda de artículos de 99 centavos.

Ocasionalmente se daban algún lujo, pero con la mayor discreción posible.

Andrew Turner, gerente general de Michael's, reconoció fotografías de los fugitivos como la pareja que ocasionalmente comía en la mesa 23.

Bulger, de 81 años, ha sido vinculado con 19 asesinatos, incluso el estrangulamiento de la novia de un cómplice que sabía era un soplón, y el de un hombre al que le pegaron tantos tiros que una pierna le quedó casi separada del tronco.

Su fuga en 1995 fue gran noticia en su momento. Además de ser acusado de asociación ilícita junto con otros hampones notorios, suscitó dudas por su habilidad de eludir siempre a la policía y porque su hermano, el presidente del Senado estatal William Bulger, era uno de los políticos más poderosos de Massachusetts.

El FBI se vio obligado a reconocer ante un tribunal, dos años después, lo que se rumoreaba desde hacía tiempo: la oficina del FBI en Boston tenía una relación corrupta con sus informantes y se hacía de la vista gorda cuando liquidaban rivales. Un subordinado de Bulger atestiguó en el 2002 que Bulger se jactaba de tener sobornados a seis agentes del FBI y más de 20 policías de Boston, a quienes les daba sobres de dinero para Navidad.

Entre el momento de su fuga y su asentamiento en la costa oeste, Bulger pasó una transición de dos años.

En el otoño de 1995, la pareja se inscribió en un hotel como "Sr. y Sra. Tom Baxter", según documentación del FBI revelada esta semana. Pasaron algún tiempo en Long Island y vivieron seis semanas en un departamento en el pueblo pesquero de Grand Isle, Luisiana, en 1996.

Sus viajes terminaron en esta ciudad junto a la playa hace unos 15 años cuando se asentaron en la unidad 303 del edificio de departamentos Princess Eugenia con los nombres de Charles y Carol Gasko.

La riqueza de Bulger le ayudó a mantener su independencia de familiares o ex aliados delincuentes que podrían haber revelado su paradero, dijo el agente retirado del FBI Scott Bakken, que trabajó en el caso de Bulger durante un tiempo en el 2002. Con una recompensa de dos millones de dólares por su cabeza, Bulger tenía pocos incentivos para tomar contacto con nadie en su viejo vecindario en el sur de Boston, particularmente después que se supo que había roto el código de silencio y había soplado sobre rivales y aliados por igual.

Pero al final, todas sus precauciones murieron al caer como muchos otros fugitivos. Jack Cluff, ex alguacil en Idaho, dijo que un 85% de los fugitivos apresados lo son a causa de una novia o ex novia.