Había una vez un pingüino que añoraba su casa, varado una playa de Nueva Zelanda a 3.200 kilómetros (2.000 millas) de la Antártica y que comía arena que confundió con nieve.

El pingüino fue trasladado por personal del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda a un zoológico el viernes. El sábado, le aplicaron suero intravenoso y ahora se está recuperando de dos procedimientos médicos diseñados para extraer arena de su estómago y garganta.

El pingüino emperador parecía sano cuando fue visto por primera vez el 20 de junio en la pintoresca playa de Peka Peca, en la isla norte de Nueva Zelanda. Es el primer avistamiento de una especie salvaje en el país en 44 años.

Pero el ave comenzó a verse adormecida mientras pasaban los días, en ocasiones cayendo por la debilidad en la arena húmeda y las autoridades temían que muriera si no intervenían.

"No va a sobrevivir si lo dejamos aquí en la playa", dijo Peter Simpson, un responsable del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda. "Hay mucha presión pública. Sólo está afuera en lo abierto".

El pingüino había estado comiendo ramas que traía el mar y mucha arena, que según los expertos el emperador pensaba que era la nieve que normalmente consume para hidratarse en la Antártica.

Las temperaturas subieron a casi 10 grados centígrados (50 Fahrenheit), mucho más en comparación con las temperaturas por debajo de cero a las que el animal está acostumbrado.

Personal del zoológico de Wellington informó que el pingüino estaba deshidratado y exhausto por el calor.

Su garganta fue limpiada con agua para despejar las basurillas, pero parecía seguir bloqueada y por eso se le sometió a un extenso lavado de estómago el sábado. Pero como aún seguirá teniendo arena, los veterinarios realizarán un tercer procedimiento el lunes.