El primer ministro de Irak, Nuri al Maliki, pidió hoy investigar el destino de más 17.000 millones de dólares que desaparecieron de la cuenta del Fondo de Desarrollo de Irak.

Al Maliki precisó en un comunicado que su petición se debe a que "se han acumulado varias pruebas que indican que hay sospechas sobre la suerte de fondos iraquíes estimados en alrededor de 17.500 millones de dólares que fueron confiscados, retenidos o retirados desde la caída del régimen iraquí (de Sadam Husein)".

La investigación será llevada a cabo por la Comisión de Protección de los Fondos de Irak en el Extranjero, integrada por el viceprimer ministro, Rouz Nuri Shauis, y los ministros de Asuntos Exteriores, Hoshiyar Zebari; de Finanzas, Rafea al Isaui, y de Justicia, Hasan al Chomary, entre otros responsables.

Esos funcionarios deberán estudiar ese asunto y descubrir la suerte que corrieron esos fondos lo más rápido posible, indica Al Maliki en la nota.

En ese sentido, el primer ministro otorgó a la comisión todas las prerrogativas necesarias para interpelar a cualquier autoridad sin excepción vinculada con el tema o que posea información.

Por último, instó a los órganos gubernamentales iraquíes y estadounidenses a colaborar con la tarea encomendada a ese comité para que la cumpla con éxito.

Una comisión del Parlamento iraquí denunció el lunes pasado la perdida de los 17.500 millones de dólares, que habían sido destinados al Fondo de Desarrollo de Irak durante el mandato del entonces administrador estadounidense para Irak, Paul Bremer, que gobernó el país entre mayo y junio de 2004.

Asimismo, la Asamblea Legislativa, que calificó el periodo de esa administración como "oscura y de mucha corrupción", reveló que envió una petición a la ONU "para investigar el asunto y recuperar esos fondos robados".

El Fondo de Desarrollo de Irak fue creado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU tras la aplicación del programa Petróleo a Cambio de Alimentos, en 1996, y que obligó el depósito de los dineros de Irak en esa cuenta para que no se beneficiara el régimen de Sadam Husein con la adquisición de armamento.

Después de la invasión anglo-estadounidense a Irak, en marzo de 2003, la supervisión de ese fondo fue remitida a la administración civil estadounidense para Irak, presidida por Bremer, quien hacía uso de ese dinero.