Las rimas plásticas que alumbró el pintor cubista español Juan Gris han viajado hasta la localidad francesa de Sète, tierra de los poetas galos Paul Valéry y Georges Brassens, para protagonizar una muestra que abre hoy sus puertas.

Gris, uno de los exponentes del cubismo junto con sus fundadores Pablo Picasso y Georges Braque, dejó su impronta personal en el género con la incorporación de las llamadas rimas plásticas, que son "declinaciones de un mismo tema o forma", explicó a Efe la directora del Museo Paul Valéry que acoge la exhibición en esa pequeña localidad del sur de Francia, Maïthé Vallès-Bled.

La exposición, abierta hasta el próximo octubre, tiene por nombre "Juan Gris, rimas de la forma y del color", y se centra sobre todo en el segundo período del pintor -posterior a la Primera Guerra Mundial-, durante la etapa del "cubismo sintético", en oposición al "analítico" que preconizaron sus dos referentes.

Durante ese período pictórico, del que Gris (1887-1927) no salió ya que la tuberculosis se cobró su vida, con apenas 40 años, el artista oriundo de Madrid investigó con la construcción de personas y objetos a partir de conceptos o colores, en vez de transitar el camino inverso, practicado hasta entonces por Braque y Picasso.

"Gris no partía de un objeto que tuviese ante los ojos para pintar, sino de un concepto, de una idea, y tejía la arquitectura de la obra para encontrar las formas que le permitiesen reconstituir ese objeto", puntualizó Vallès-Bled.

Ese recorrido desde el concepto inicial hasta la forma resultante debía llevarse a cabo, según Gris, mediante las rimas, es decir, declinaciones progresivas de la forma y del color que permitiesen dar con el arquetipo satisfactorio.

"Compongo a partir de un blanco y un negro (...) y procedo de forma que el blanco se convierta en un papel y el negro en sombra", señaló el artista en su momento, a modo de ejemplo.

Las astucias gráficas, que juegan con la similitud entre dos objetos diferentes, hacen que una misma forma pueda así derivarse en cuerpos variados.

La rebeldía de Gris en cuanto al movimiento cubista no se limitó a la forma de entender el proceso de realización de la obra, sino que se extendió a terrenos formales como la paleta de colores utilizada, mucho más viva que la de sus correligionarios, adeptos a los tonos grises y azulados.

Para la directora del centro y comisaria de la muestra, Gris logró de esta manera "ensanchar el espacio cubista", al buscar "una apertura que no existía en esa pintura en sus orígenes".

"El itinerario de Gris, sobre todo durante sus últimos diez años, demuestra que no trató de mantenerse en los conocimientos asimilados, sino que llevó a cabo una búsqueda perpetua de construcción del espacio y de búsqueda de la forma", aseguró.

Aún así, y a pesar de centrarse en la segunda etapa del pintor, el museo no ha querido dejar de lado algunos de sus primeros lienzos, entre ellos "El libro", una de sus tempranas incursiones en el cubismo, que abre la exposición

Primeros trabajos y experimentación son los que ahora pueden recorrerse a través de una cincuentena de obras, proveniente en su mayoría de colecciones particulares, por lo que algunos de los cuadros "no han visto al público en al menos 30 o 40 años", indicó entusiasmada Vallès-Bled.

Así, la iniciativa ha permitido que las rimas de Gris vuelvan a reencontrarse, esta vez a escasos metros del cementerio donde reposa Valéry, y no muy lejos de la tumba de Brassens, poeta en su faceta menos conocida, aunque viese eclipsada esa vertiente por su encumbramiento como genial cantautor.

Mario Roehrich