La provocación y el descaro del cantante español Miguel de Molina (1908-1993) regresaron a Montevideo a través de una muestra que recoge fotografías, documentos y el vestuario de un artista "avanzado para su época", dijo hoy el director de la muestra, Alejandro Salade.

El Centro Cultural de España en Montevideo acogerá la exposición hasta el próximo 30 de julio, lo que servirá también para recordar que la capital uruguaya fue "un punto importante en la vida artística y profesional" del intérprete durante su largo exilio y para que los montevideanos puedan "volver a disfrutar de este artista".

Fotos del archivo personal de Molina, con dedicatorias de amigos y artistas, cartas personales y dibujos forman parte de la exposición, en la que destacan las famosas blusas diseñadas y confeccionadas por él con las que se hizo famoso en los escenarios por su provocación y su mensaje de identidad homosexual muy avanzado para su época.

Saldade, director general de la Fundación Miguel de Molina y sobrino nieto del cantante de "La Bienpagá" y "Ojos verdes", explicó a Efe que el cantante, exiliado en Buenos Aires tras el triunfo de Franco en la guerra civil española, fue "un artista cabal" y "puntilloso", con algunos conceptos artísticos "futuristas" en aquella época.

"Como todos los grandes genios, vivió en una época donde no se le entendía. Fue exitoso por rompedor, por tener una concepción no vista hasta el momento", dijo.

La muestra, que surgió de los esfuerzos por recuperar su vestuario repartido por el mundo y algunas de cuyas piezas tienen más de 70 años y siguen impecables, ya pasó por Madrid, Málaga, su ciudad natal y Buenos Aires, donde murió, y en esas ciudades tuvo un importante éxito de público.

Para la consejera cultural de la embajada de España en Montevideo, María Eugenia Menéndez, la presencia de la muestra en Uruguay sirve para recuperar la memoria de un artista "que en épocas anteriores a la televisión ya tenía muchos fanáticos, un público fiel, en Uruguay" y para recordar a una persona que sufrió en carne propia los horrores de la discriminación por su orientación sexual.

"La exposición es curiosa, sus planteamientos son sugerentes. Y tiene el impacto de su elemento provocador, en el que se ve que la España de los años 30 era muy moderna", razonó la diplomática.