Como manager, la constante al referirse a Edwin Rodríguez fue que era un caballero, respetuoso y conocedor. Casi siempre se decía que era el tipo de piloto que todo jugador prefiere tener, algo así como un amigo y mentor al mismo tiempo.

Al 26 de mayo, una fecha que ahora parece ser una eternidad para los Marlins, el equipo de Florida se encontraba a sólo un juego de la punta en la división Este de la Liga Nacional.

Rodríguez, el primer dirigente puertorriqueño en las Grandes Ligas tras haber sido nombrado en reemplazo de Fredi González 13 meses antes, sonaba como candidato al Manager del Año.

Todo se fue a pique. Cuando sorpresivamente decidió renunciar la mañana del domingo, los Marlins tenían foja de 1-16 durante el mes de junio. De estar a un partido del primer lugar, la diferencia ahora es de 13 y ocupan el sótano.

¿Que pasó?

La dimisión de Rodríguez tomó desprevenido a los directivos de los Marlins, según la propia versión del piloto.

El propietario Jeffrey Loria, dueño de una fama de no tener mucha paciencia con sus managers, estaba en Europa en una subasta de arte e intentó convencer a Rodríguez para que siguiese en el puesto.

La mejor explicación del paso al costado de Rodríguez es que simplemente consideró que lo había intentado todo en un equipo que no pudo mantenerse a flote cuando se amontonaron las lesiones de piezas clave como su as Josh Johnson, y otros cayeron en prolongadas malas rachas como su toletero Hanley Ramírez.

Ahora, el equipo está bajo las riendas de Jack McKeon, quien a sus 80 años es el manager más longevo de las mayores. McKeon no es ajeno a estas situaciones de emergencia, ya que en 2003 asumió el cargo tras el despido de Jeff Torborg y dirigió a los Marlins al segundo y último campeonato de Serie Mundial en la historia de la franquicia.

Ese equipo de los Marlins sirve para hacer una paralelo con la edición 2011 y entender un poco lo que precipitó la marcha de Rodríguez.

Durante la pretemporada, Rodríguez tenía claro que sus Marlins eran un equipo talentoso y con mucho futuro, pero con poco margen de error.

Aparte del torpedero dominicano Ramírez, campeón de bateo hace dos años, los Marlins se entusiasmaban con la presencia de Logan Morrison, Mike Stanton, Gaby Sánchez y Chris Coghlan en su alineación. Todo un núcleo para armar un conjunto competitivo con miras a la apertura de su nuevo estadio en la Pequeña Habana de Miami el año próximo.

Los Marlins de 2003, que derrotaron a los Yanquis de Nueva York en la Serie Mundial, tenían su propia camada de bisoños peloteros en alza, sobresaliendo el futuro as Josh Beckett y el artillero venezolano Miguel Cabrera. Pero tambien contaban con gente veterana, como Iván Rodríguez, Mike Lowell y Jeff Conine.

En cambio, el plantel de los Marlins de 2011 carece de veteranos establecidos, la voz de un líder para enderezar el barco en medio de una tormenta.

Entrevistado por el portal de las Grandes Ligas, Rodríguez apuntó a ese menoscabo: "Más allá de mejores reemplazos a la gente que se lesionó, diría que ellos necesitan una voz de veteranía en el clubhouse. Creo que el manager y los coaches tienen un límite de lo que pueden decirles. Creo que una voz de veteranía es lo que haría diferencia".

Aunque es cierto que los Marlins carecen de ese prototipo de jugador, no se debe obviar que su mejor pelotero les falló completamente.

Sí, Hanley Ramírez debe ser el líder indiscutible del equipo y debe actuar como tal, tanto con su producción y comportamiento en el vestuario.

El declive que ha tenido el dominicano de 27 años es llamativo: su promedio al amanecer el miercoles era de .206, luego que el día previo tuvo su primer juego de más de un hit desde el 21 de mayo. La merma venía desde el año pasado, cuando su promedio mermó 42 puntos porcentuales y su aporte de carreras impulsadas fue de 30 menos.

De ser un toletero de poder, Ramírez ahora era un mero bateador de roletas. Un análisis de Fangraphs.com estableció el mes pasado que más del 56% de las veces hacía contacto con rodados.

En la discusión del mejor torpedero de las mayores, Ramírez ha desaparecido por completo, dejado atrás por Jose Reyes y Troy Tulowitzki.

Nadie sabe a que se debe el bajón, si por un cambio de mecánica en el swing, no saber adaptarse a pitchers que le han tomado el apunte, molestias físicas o hasta desgano.

Una de las últimas movidas de Rodríguez en procura de una reacción fue designar a Eduardo Perez como nuevo coach de bateo en lugar de John Mallee.

Rodríguez tambien lo utilizó en diversos turnos en el orden ofensivo. McKeon llegó y, tras dejarlo en la banca en su primer juego a cargo, decidió en ponerlo como cuarto bate, algo inedito en la carrera de Ramírez.

La primera muestra fue positiva, ayudando a romper una racha de 11 reveses seguidos.

"Disfrute el juego", dijo Ramírez tras el partido del martes. "No lo estaba haciendo. Pensaba mucho las cosas. Lo que hice fue salir a jugar fuerte y relajarme, como solía hacer".

Ahora resta por ver si el nuevo turno es lo que sacudirá a Ramírez y rescata la campaña de los Marlins.