Hollywood busca a la desesperada nuevas ideas que le hagan llenar sus arcas y cuando encuentra algo que funciona lo repite hasta la saciedad. "The Hangover Part II" es el más claro ejemplo de los planteamientos hollywoodienses. Si la fórmula funciona, ¿para qué cambiarla?.

En este caso además se trata de una copia casi exacta. Una despedida de soltero, del mismo soltero; amnesia de la juerga al despertar al día siguiente en una habitación de hotel; uno de los fiesteros, desaparecido, y la mafia china de por medio.

Diferencias: la primera se desarrollaba en Las Vegas y la segunda en Tailandia. Y poco más.

Mientras que la primera sorprendió por su originalidad y su frescura, esta segunda se limita a vivir de las rentas conseguidas y todos parecen estar encantados con la falta de esfuerzo.

El realizador Todd Philips se pone claramente al servicio de los protagonistas -Bradley Cooper, Zach Galifianakis y Ed Helms- para contar una historia que se basa en la complicidad del espectador y en una serie de gags con poca gracia.

"The Hangover Part II" ha perdido el lado irreverente y gamberro y entra más en las bromas escatológicas y sexuales tan del gusto del público estadounidense.

Ni la breve colaboración de Mike Tyson ni la de Paul Giamatti hacen levantar el vuelo a una historia que tampoco aprovecha los fantásticos paisajes naturales de Tailandia ni los urbanos de Bangkok.

Pese al empeño de los actores, la historia explota poco la estupenda idea con la que comenzó esta saga. El final de una juerga y no el principio, como suele ser habitual.

A partir de ahí, los protagonistas empiezan a tirar del hilo de recuerdos vagos y de restos de la catástrofe para contar al espectador, al mismo tiempo que ellos se enteran, lo que pasó en la noche aciaga de la despedida de soltero.

Una fórmula que sorprendió hace dos años en "The Hangover", que consiguió una recaudación de 467 millones de dólares para un presupuesto de 30.

Ahora, la segunda parte, que se estrena esta semana en España, espera repetir el mismo éxito. Y seguro que lo consigue.

Alicia García de Francisco