El Departamento de Estado reconoce que uno de sus programas más populares de intercambio deja a los universitarios extranjeros vulnerables a la explotación, pero no está claro si las nuevas normas que impulsa detendrán los abusos.

Las nuevas reglas intentan transferir más responsabilidad a las 53 entidades que el departamento designa como patrocinadores oficiales del Programa de Viaje de Trabajo de Verano J-1.

En el pasado, los patrocinadores han delegado esas responsabilidades a contratistas, lo cual ha dado como resultado que los patrocinadores "han sido meros proveedores de visas J-1", según las nuevas reglas propuestas por el Departamento de Estado y publicadas recientemente en el Registro Federal.

Auditores federales han criticado al departamento desde hace años por depender de los patrocinadores — que en algunos casos ganan millones de dólares de los estudiantes con visas J-1 — para supervisar el programa e investigar quejas. La nuevas normas, sin embargo, requieren poca o ninguna supervisión directa por parte del Departamento de Estado y permiten que los patrocinadores se sigan supervisando a sí mismos y a sus socios.

Los cambios entraran en vigencia el 15 de julio, demasiado tarde para miles de estudiantes que ya se encuentran en el país para otra temporada de limpiar cuartos de hoteles y trabajar como mesoneros o cajeros en tiendas.

Los estudiantes que visitan Estados Unidos con visas J-1 pueden ser fáciles de explotar porque están en el país de manera temporal y muchas veces no saben cómo buscar ayuda. Una investigación de The Associated Press publicada hace seis meses encontró que muchos de los participantes pagaron miles de dólares con el fin de ir a Estados Unidos, para luego darse cuenta de que los trabajos que les habían prometido no existían.

Al publicar las nuevas normas, el Departamento de Estado detalló problemas similares a los que encontró la AP y culpó la falta de supervisión por parte de los patrocinadores. Afirmó que los cambios ayudarían a reformar el programa.

Una revisión de la reglas, empero, reveló debilidades. Aunque las normas detallan cómo los patrocinadores deben supervisar a contratistas y con qué frecuencia deben establecer contacto con los estudiantes, las reglas no dejan claro qué tan meticuloso debe ser el Departamento de Estado al verificar que esas responsabilidades se cumplan.

El departamento inspeccionará a los patrocinadores más grandes, pero la agencia cuenta con poco más de una decena de empleados que se encargan de éste y otros programas de intercambios, los cuales tienen más de 300,000 participantes, según el Instituto de Políticas Económicas, una institución investigadora independiente que publicará un reportaje sobre el programa.

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Weiss reportó desde Charlotte, Carolina del Norte.