El presidente Bashar Assad insistió el lunes que su régimen analiza aplicar reformas políticas, entre ellas poner fin al monopolio de su Partido Baath en la vida política de Siria, pero miles de manifestantes lo acusaron de aferrarse al poder mientras gritaban "¡mentiroso!".

En un discurso de 70 minutos televisado a todo el país, el tercero desde que comenzaron las manifestaciones prodemocráticas en marzo, Assad reconoció como legítimas las demandas populares de reforma, pero dijo que hay "saboteadores" que se han aprovechado de la situación.

Aunque convocó a lo que llamó un "diálogo nacional", dijo: "No hay una solución política con quienes portan armas y matan".

En declaraciones a partidarios en la Universidad de Damasco, el presidente anunció que el diálogo nacional comenzará en breve y que está formando un comité que estudie enmiendas constitucionales, entre ellas una que abriría el camino a la formación de partidos políticos distintos del Baath.

Dijo esperar que un paquete de reformas esté listo en septiembre, a más tardar a finales de año. Agregó que las elecciones parlamentarias, previstas para agosto, podrían posponerse si el comité de reformas decide aplazarlas.

El discurso mostró la clara intención de Assad de intentar salir airoso de la ola de protestas, así como su determinación férrea de mantener en el poder tanto a su familia como a miembros del Baath. Assad trató de atizar el temor de que su salida podría marcar el principio de un caos.

"No puede haber desarrollo sin estabilidad, y no se pueden lograr reformas a través del vandalismo", dijo. "Queremos que la gente respalde las reformas, pero debemos aislar a los verdaderos reformadores de los saboteadores".

"Lo que ocurre aquí no tiene nada que ver con la reforma, tiene que ver con vandalismo", agregó, flanqueado por seis banderas nacionales sirias.

La oposición rechazó el discurso del mandatario, diciendo que careció de cualquier señal clara de transición a una democracia verdadera. Algunos activistas dijeron que miles de personas salieron a las calles en varias ciudades para protestar, presionando con su campaña para poner fin a 40 años de gobierno autoritario de la familia Assad.

El mensaje del presidente no es nuevo: Desde que comenzó el levantamiento popular, el gobierno sirio ha dicho que estas manifestaciones son impulsadas por hombres armados con apoyo extranjero, que no buscan reformas verdaderas.

Su mensaje también buscó galvanizar a sus simpatizantes en la comunidad empresarial y entre las clases de mercaderes prósperos, en quienes confía el gobierno para ayudarle a retener su control del poder.

"El mayor peligro que enfrentamos en el próximo periodo es la debilidad o el colapso de la economía siria", dijo Assad.

En su discurso dio un calendario vago y pocos detalles, además de que careció de indicios claros del fin del dominio político de su familia, lo que dejó a los disidentes sirios profundamente insatisfechos.

"No dio una visión sobre cómo empezar una nueva etapa para dar comienzo a una transferencia de una dictadura a un régimen nacional democrático con pluralismo político", dijo a The Associated Press Hassan Abdul-Azim, una destacada figura opositora.

La oposición calcula que más de 1.400 sirios han muerto y 10.000 están detenidos mientras que las fuerzas de Assad tratan de mantener su control. Casi 11.000 personas han emigrado a la vecina Turquía.

A su llegada a Luxemburgo para sostener una reunión de cancilleres de la Unión Europea, el secretario del Exterior británico dijo que Assad debe realizar reformas o irse. William Hague agregó que espera que Turquía influya sobre él para trasmitirle la voluntad de la comunidad internacional.

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Los periodistas de The Associated Press Albert Aji en Jisr al-Shughour, Siria; Bassem Mroue y Elizabeth Kennedy en Beirut; y Don Melvin en Luxemburgo contribuyeron a este despacho.