El gobierno informó que unos 4.000 evacuados por la erupción del volcán Cordón Caulle empezaron a retornar a sus hogares el domingo porque la actividad eruptiva ha disminuido, aunque las cenizas siguen afectando la aeronavegación.

En los últimos días la columna de cenizas disminuyó de 12 kilómetros de altura sobre el macizo andino en sus inicios el 4 de junio, a tres kilómetros el fin de semana. También decrecieron los sismos y la caída de cenizas.

Después del mediodía los albergados en escuelas y dependencias municipales se enteraron rápidamente de la noticia y estallaron en muestras de alegría.

Ancianos, mujeres, niños, la mayoría usando mascarillas, fueron subidos a camiones del ejército y a microbuses municipales que los trasladaban a sus casas, en apartadas localidades de las regiones de Los Ríos y Los Lagos, según las imágenes mostradas por Canal 13 de televisión.

Las familias llevaban pequeños bolsos con las pocas pertenencias que pudieron llevar a los albergues.

La Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior entregó varios centenares de canastas con alimentos para que las familias tuvieran que comer al llegar a sus hogares, los que abandonaron abruptamente hace 15 días.

Los primeros en salir fueron dos autobuses municipales con 64 evacuados que estuvieron 15 días en Lago Ranco.

"Me encuentro contenta de volver a mi casa y porque estuve bien atendida aquí", dijo una mujer entrevistada por el enviado especial de radio Cooperativa.

"Estoy feliz y contento que nos vamos", dijo un hombre que expresó su preocupación por sus animales, especialmente por sus gallinas.

Pese a las buenas noticias entregadas el domingo a los evacuados, que llegaron a unas 4.270 personas, la nube volcánica sigue afectando los vuelos en distintas partes del mundo.

El domingo fueron suspendidos los vuelos locales en Sudáfrica. Antes, miles de personas se quedaron en tierra en Nueva Zelanda, Australia, Uruguay, Argentina, Brasil y Chile, entre otras naciones.

Los cristales de silicato — un material muy duro — y los gases que componen la nube volcánica dañan los aparatos electrónicos de los aviones, como los sensores que indican la altitud, la velocidad, y al depositarse en los motores, pueden llegar a detenerlos.

Las cenizas, además, actúan como una verdadera lija sobre el fuselaje de las aeronaves y todas sus partes sobresalientes, incluso los limpiaparabrisas de las ventanas de la cabina de los pilotos, según expertos consultados por AP.

El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, en rueda de prensa en la Oficina Nacional de Emergencia, anunció que "la información volcánica indica que esto va decreciendo".

Hinzpeter no descartó la adopción de nuevas medidas preventivas relacionadas con el traslado de personas "si las circunstancias" lo necesitan.

Precisó que las personas que viven en los alrededores del volcán, ubicados unos 1.000 kilómetros al sur de Santiago, seguirán percibiendo cenizas, una fumarola y pequeños sismos.

El ministro de Minería, Laurence Golborne, que acompañaba a Hinzpeter, dijo que según los antecedentes proporcionados por el Servicio Nacional de Geología y Minería, dijo que la situación "debiese ir decreciendo en el tiempo".

"Sin embargo, continuará una pluma de ceniza, ciertos niveles de temblores cada cierto tiempo, pero esto debiera ir en declinación y volver a la normalidad, esperemos, en algunas semanas más", agregó Golborne.

La mayor parte de las cenizas emanadas del volcán fueron llevadas por los vientos a ciudades argentinas fronterizas, separadas de la zona de la erupción por la cordillera de los Andes, que hacia el sur decrece en altura.