Unos días antes de que Robert Gates asumiese como secretario de Defensa en diciembre del 2006, se percató que la presión más fuerte en su puesto no vendría de la Casa Blanca, el Capitolio o el Pentágono, sino de las madres de los soldados.

A partir de un encuentro casual con la madre de un militar, se dio cuenta que su carga más pesada como jefe del Pentágono serían sus propias emociones, por la preocupación ineludible acerca de los miles de hombres y mujeres estadounidenses que enviaría a luchar en campos de batalla en el extranjero, donde algunos morirían.

"Ella me dijo: 'Tengo dos hijos en Irak. Por amor de Dios, tráigalos a salvo. Y estaremos orando por usted'. Eso sí que es verdadera presión", dijo Gates ante una comisión del Senado que analizaba su nominación.

Gates dice que esa presión le ha cobrado un alto precio cuatro años y medio después. En cierto sentido ha sido la característica que ha definido su mandato: no el desgaste personal en sí, sino cómo influyó en sus prioridades laborales. El período que el secretario cubrió es uno de los pocos en la historia estadounidense que comenzó y terminó con una guerra.

"Uno de los retos interesantes de este trabajo ha sido la responsabilidad de librar dos guerras, ninguna de las cuales inicié", reflexionó Gates la semana pasada durante su última conferencia de prensa. Se retirará el 30 de junio.

Las guerras en Irak y Afganistán comenzaron en el primer mandato del presidente George W. Bush, quien designó a Gates en el 2006 para hacer que Estados Unidos repuntara en la cada vez más impopular guerra en Irak. Afganistán era entonces un conflicto relativamente menor, una pequeña guerra que comenzó en el 2001 pero que en gran medida quedó relegada por la enorme invasión de Irak dos años después.

Ambas guerras cubrieron todo el mandato de Gates, bajo el gobierno saliente de Bush y lo que va del gobierno del demócrata Barack Obama. Los dos conflictos seguirán luego de que él deje el cargo.

Como dijo repetidas veces a los soldados e infantes de Marina en su 12mo y último viaje a Afganistán a principios de junio, sentía una responsabilidad personal de hacer todo lo posible en Washington para mejorar sus posibilidades de supervivencia en combate y, para los heridos, proporcionarles la evacuación del campo de batalla lo más rápida posible a fin de que recibieran tratamiento.

Gates dice que desde el principio de su mandato llegó a la pronta conclusión de que la burocracia del Pentágono, entre ella los altos mandos de las fuerzas armadas, estaba demasiado enfocada en los preparativos para la próxima guerra, haciendo planes para costosas armas nuevas de alta tecnología encaminadas a enfrentar a los potenciales enemigos del futuro, en lugar de centrarse en ganar las guerras en marcha.

Gates dijo que entonces luchó con fuerza contra la resistencia interna a fin de acelerar la producción y entrega de un nuevo tipo de vehículo de combate en tierra que redujera la vulnerabilidad de la infantería ante las bombas colocadas al costado de las carreteras.

El secretario irritó a los dirigentes de la Fuerza Aérea cuando insistió en conseguir más aviones teledirigidos para la vigilancia de los campos de batalla. En una reprimenda pública en abril del 2008, le dijo a la Escuela Superior de Guerra Aérea que conseguir que la Fuerza Aérea hiciera más era "como extraer dientes".

Con el paso del tiempo, seguramente se apreciará que uno de los legados centrales de Gates fueron sus avances para lograr más protección a la integridad física de los soldados.

Sin embargo, el funcionario también dejará varios asuntos pendientes, entre ellos las guerras de Irak y Afganistán, así como un deterioro en las relaciones con Pakistán, sin duda el socio más importante de Washington en la lucha contra al-Qaida.

Cuando Gates se retire, habrá cerca de 50.000 soldados de Estados Unidos en Irak y alrededor de 100.000 en Afganistán. Aunque Irak ha alcanzado una estabilidad relativa desde que Gates asumió el control del Pentágono, las perspectivas de una paz duradera son inciertas.

El panorama en Afganistán es aún más oscuro, a pesar de que Estados Unidos y sus socios de la OTAN establecieron el 31 de diciembre del 2014 como plazo para retirar todas sus fuerzas de combate y dejaron a los afganos totalmente a cargo de su seguridad.

En cuanto a Pakistán, Gates dio pocas indicaciones de optimismo durante una conferencia de prensa el jueves pasado. Dejará el cargo con las relaciones bilaterales en su punto más bajo.

Gates trabajó para reconstruir la confianza entre los militares de Estados Unidos y Pakistán, pero vio cómo esa relación se enfrió durante los últimos meses, luego de la incursión unilateral estadounidense que mató a Osama bin Laden en un complejo dentro de suelo paquistaní.

"Las cosas que podrían lograrlo (una mejora de las relaciones) son difíciles de pronosticar en este momento", dijo Gates el jueves.

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Robert Burns tiene su cuenta en Twitter en http://twitter.com/robertburnsAP