Los renovados esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra civil de Libia parecían estar ganando impulso el jueves, mientras atronadores ataques aéreos de la OTAN golpearon una vez más el complejo residencial de Moamar Gadafi en Trípoli.

Funcionarios en la capital dijeron que están abiertos a los esfuerzos internacionales que pondrían fin a cuatro meses de combates entre las fuerzas leales al añejo líder y los rebeldes que controlan el tercio oriental del país, además de algunos enclaves en la parte occidental.

Pero insisten en que Gadafi no cederá a la presión internacional para dimitir.

"No aceptamos nada de lo que se pueda hacer en su contra. El es el límite en nuestras discusiones", dijo el primer ministro al-Baghdadi al-Mahmudi. Cualquier acuerdo que incluya la división del país también es inaceptable, agregó.

Por otra parte, uno de los hijos de Gadafi dijo a un periódico italiano que, aunque su padre no iba a buscar el exilio, las elecciones bajo supervisión internacional podrían ofrecer una salida a la crisis.

En una entrevista publicada el jueves por el diario italiano Corriere della Sera, Saif al-Islam Gadafi señaló que los comicios se podrían organizar en un período de tres meses.

Al-Islam dijo que Gadafi renunciaría si perdiera las elecciones, pero fue algo que consideró poco probable.

Sin embargo, el hijo del líder libio reconoció que "el régimen de mi padre, como se desarrolló desde 1969, está muerto", y señaló que contemplaba un estado federal con una fuerte autonomía local y un débil gobierno central en Trípoli.

En Washington, la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, rechazó la idea de las elecciones en Libia.

"Es un poco tarde para cualquier propuesta de Gadafi y su círculo sobre un cambio democrático", dijo el jueves. "Es el momento para que él se vaya".

El hijo de Gadafi, quien en algún momento fue considerado el sucesor de su padre, ha servido como uno de sus principales portavoces durante el conflicto. Al igual que el propio Gadafi, poco se ha sabido de él en las últimas semanas.

El enviado de Rusia a Libia, Mikhail Margelov, se reunió con líderes gubernamentales de alto rango en Trípoli — pero al parecer no con Gadafi — horas después de que aviones de la OTAN golpearon el área cercana al complejo del líder en Bab al-Aziziya.

La semana pasada, Margelov visitó Bengasi, el bastión de los rebeldes libios, y dijo que Gadafi ha perdido su legitimidad. Sin embargo, el enviado también dijo que los ataques aéreos de la OTAN no son una solución al estancamiento violento de Libia.

La agencia Interfax citó a Margelov diciendo, después de reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores, que le habían informado que "Gadafi no está dispuesto a salir, y los líderes de Libia hablarán sobre el futuro del país sólo después de un alto el fuego".

Por lo menos otras tres rondas de bombardeos de la OTAN sacudieron la capital de Libia el jueves en la noche. No se tenía en claro cuál fue el blanco de los ataques ni se informó de víctimas.

La alianza lanzó su ofensiva aérea desde hace casi tres meses apoyando a una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que exigía la protección de la población civil. Lo que comenzó como un levantamiento pacífico dentro del país contra Gadafi se ha convertido ahora en una guerra civil.

Los combates entraron en un estancamiento hasta la semana pasada, cuando la OTAN lanzó el bombardeo más fuerte desde que la alianza tomó el control del espacio aéreo de Libia.

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Los redactores de The Associated Press Matthew Lee y Julie Pace, en Washington, contribuyeron a este despacho.