Ochenta sitios arqueológicos serán el centro de la celebración del Año Nuevo Andino el 21 de junio en momentos en que la popularidad del presidente Evo Morales está en caída y es cuestionado por algunos pueblos originarios.

Desde que el día fue declarado feriado hace dos años, no se habían fijado tantos sitios de celebración.

Morales presidirá un rito indígena en las ruinas del fuerte de Samaipata, 480 kilómetros al sudeste de La Paz, un puesto de avanzada militar inca en las últimas pendientes andinas, informó el jueves el Ministerio de Culturas.

Ese mismo día visitará las ruinas arqueológicas de Tiwanacu, 70 kilómetros al oeste de La Paz, en cuyo templo de piedra anterior a la cultura inca el mandatario fue investido en 2006 en un rito ancestral simbólico.

El 21 de junio coincide con el solsticio del invierno en el hemisferio sur. Los indígenas andinos celebrarán el inicio del año 5519, que es el resultado de la suma de los 519 años desde la llegada de Cristobal Colón a América y los 5.000 años previos de existencia de la nación aymara a la que pertenece Morales.

Ministros y altos funcionarios presidirán las ceremonias en los sitios elegidos, dijo el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas.

Morales busca reflotar el sentimiento por los valores indígenas en medio de una caída en su popularidad por críticas de algunos pueblos originarios del oriente que no se sienten parte de su administración. Morales es el primer indígena en llegar a la presidencia de Bolivia.

Líderes originarios del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) anunciaron además que resistirán la apertura de una carretera cuya obra inauguró Morales el 3 de junio. El dirigente de la región Adolfo Moye alegó que temen por su hábitat.

Moye dijo que Morales "debe ser consecuente" con su discurso de defensa de la Madre Naturaleza y de los indígenas. La carretera situada en el centro de Bolivia en el ingreso a la región amazónica cruza el hogar de tres etnias: Yuracaré, Chimán y Trinitaria, de unos 15.000 habitantes, que viven de la caza, pesca, recolección de frutos y una incipiente agricultura.

El gobierno sostuvo que la ruta de 309 kilómetros, que será construida con un crédito brasileño, será parte de un corredor bioceánico y abrirá nuevas tierras a la agricultura.