El escritor Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, defendió hoy ante cientos de estudiantes chinos la importancia de que la gente participe en la política, en un discurso en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái, que hoy le nombró "profesor de honor".

"No se puede dejar la política solo en manos de los políticos, porque entonces la política empieza a ir mal", dijo el intelectual peruano, que durante más de una hora disertó sobre su obra y sobre el papel de los escritores en la sociedad.

"Creo que todos los ciudadanos deben participar de la vida política de su tiempo, y que de esa participación seguramente puedan resultar las mejores opciones", afirmó Vargas LLosa ante los estudiantes, la directora del Instituto Cervantes de Pekín, Inmaculada González Puig, el presidente de la universidad, Wu Youfu, y el hispanista y decano de español del centro, Lu Jingsheng.

Vargas Llosa explicó que considera que la literatura "no es solo un entretenimiento" sino "un invento fundamental de la civilización y del progreso humano".

"Por eso creo que la literatura debe figurar en los planes de estudio, que debe ser una disciplina fundamental para la formación de ciudadanos independientes, enérgicos y con espíritu crítico", aseguró, ya que deja en los lectores "una huella muy profunda", unas "secuelas importantes, que tienen un efecto en la historia".

Una de las inevitables enseñanzas que "la buena literatura deja en nosotros es la sensación y el convencimiento de que la vida está mal hecha, de que el mundo tal como es no está a la altura de nuestros anhelos y de nuestros deseos", prosiguió.

"Cuando después de esa experiencia maravillosa que es leer el 'Quijote' o leer 'La guerra y la paz' o 'Madame Bovary' o 'Los miserables' regresamos a la realidad y miramos a nuestro alrededor, llegamos a la comprobación de que qué poco es el mundo real comparado con el mundo que somos capaces de inventar y convertirlo en gran literatura", dijo.

Y, añadió, es esa "comprobación" la que deja la huella de la "insatisfacción", y así lo explicó en la principal universidad de lenguas extranjeras de la capital financiera del gigante asiático.

La buena literatura "hace de los lectores gentes insatisfechas e inconformes, que no aceptan el mundo tal como es, que sienten que el mundo debería ser mejor, que debería cambiar, y ese sentimiento es tan importante que yo me atrevería a llamarlo el motor del cambio, el motor de la historia, y el motor del progreso", proclamó.

"Creo que ha sido este movimiento de insatisfacción el que nos ha hecho exigir una realidad mejor y distinta a aquella en la que vivimos", concluyó, "y la que ha sido la locomotora del progreso a lo largo de la historia".

El autor de "La ciudad y los perros" y "Conversación en la catedral" repasó su historia personal y lo que le llevó a escribir cada una de sus novelas, reiteró su admiración por Faulkner y por Flaubert, y dijo creer profundamente en lo que el escritor francés escribió a su amante Louise Colet mientras gestaba "Madame Bovary".

"Escribir, dijo Flaubert, 'es una manera de vivir', escribir es más que pasarse unas horas en el escritorio trabajando sobre un papel o en un computador, y yo necesito siempre el contacto con la vida de la calle, con lo que ocurre más allá de mi escritorio, con la historia que está haciéndose", lo que Vargas LLosa logra, según indicó, "haciendo periodismo".

Se mostró convencido de que "opinar, participar en el debate público, forma parte de la obligación, no literaria, pero sí cívica y moral, de un escritor".

"La vida cívica, la vida social, la vida política, necesita de fantasía, de imaginación y de intención para hacer frente a los grandes obstáculos, a los grandes desafíos que ofrece nuestro tiempo, y también en ese campo el escritor algo puede contribuir en el debate público", subrayó.

Por último, preguntado por un estudiante sobre cómo mejorar las relaciones entre China y el mundo hispanohablante, Vargas Llosa recordó cómo la tecnología actual nos permite comunicarnos más que nunca, por lo que, en su opinión, está en manos de la juventud el contribuir a que haya menos "prejuicios" y "estereotipos".

Por ello recomendó aprender idiomas, lo que permite asimilar otras culturas y además comprender así mejor la propia, e ir descubriendo que "aquello que tenemos en común, es mucho más grande que las diferencias que existan entre nosotros".