Hace un mes me comí un perro caliente en el centro de Charlotte, un jueves en la madrugada, mientras los transeúntes, en su mayoría universitarios, disfrutaban del despertar cosmopolita de lo que fue una de las ciudades más "aburridas" del Sur de Estados Unidos.

Pedí que los ingredientes que aderezaran la salchicha fueran los tradicionales trocitos de cebolla, pedazos de pepinillos, salsa de tomate, mostaza y mayonesa.

La chica que me acompañaba, que estaba de visita en Charlotte, me miró con cara de extrañeza cuando en un ataque de conciencia lamenté la compra del "hot dog" porque en otros sitios de la ciudad se prohibió "de facto" la venta de tacos.

Fue una ordenanza del Concejo Municipal, de 2008, la que prácticamente acabó con las "loncheras" hispanas, esos restaurantes motorizados que también ofrecían burritos, tortas y otros platos mexicanos y salvadoreños como las pupusas.

En ese año más de medio centenar de loncheras operaban en Charlotte, ahora solo alrededor de siete pueden vender los exquisitos tacos de carne asada.

Esta ciudad donde yo trabajo es un microcosmos de Estados Unidos.

Aquí surgen los problemas comunes a esa nueva frontera de la inmigración de Estados Unidos, que pueden aparecer en un pueblo de Indiana, una ciudad de Tenesí, en un área rural de Oregón o en un vecindario urbano de Virginia.

Aquí hay un trato diferente, hasta para los expendedores de comida, dependiendo de su ancestro cultural.

El hecho es que la ley se aplica diferente para la gente que tiene sus negocitos en el "Uptown" de Charlotte que para los nuevos empresarios gastronómicos que intentaron ofrecer sus deliciosos platos en los vecindarios hispanos aledaños a los corredores viales de South Boulevard y la Avenida Central.

Antes de que el actual alcalde, Anthony Foxx, resultara elegido dialogamos sobre el tema en un programa de radio que yo malamente conducía en la estación Radio Líder, que el infortunio desapareció.

Foxx se comprometió a revisar la medida y ahora, más de un año y medio después, el Concejo Municipal está dispuesto a tratar el tema.

En una entrevista que tuve con Foxx recientemente, el alcalde contó que sus subordinados harán este mes una presentación ante los concejales que describirá los efectos de la normativa, que restringió la operación de las loncheras y las puso en punto de desaparición.

Durante el encuentro, después de que yo mencioné con sorna la desigualdad en la actitud dura con los loncheros frente a la laxitud con los vendedores de perros calientes, Foxx bromeó diciendo que aparentemente "los 'hot dogs' tenían más derechos que los burritos".

La realidad es que si la han tenido. Cuando se aprobó la medida para restringir a los loncheros, se les establecieron medidas estrictas de funcionar lejos de áreas residenciales y de algunas zonas comerciales, además de obligarlos a solo trabajar en un sitio durante 90 días.

Los detractores de las lonchera acusaron a los negocios de ser focos de crimen, donde se expendían drogas y bebidas alcohólicas.

Lo cierto es que un estudio realizado por la organización Action NC ha demostrado que el número de delitos no ha variado en los lugares donde las loncheras funcionan, y no es diferente la cifra de crímenes en vecindarios como NoDa, donde se concentra la bohemia exclusiva de la ciudad.

Tras la publicación en este periódico del lanzamiento de una campaña en internet para recuperar las loncheras, el principal diario de la ciudad, The Charlotte Observer reprodujo nuestro artículo en la lengua de Shakespeare y respaldó la iniciativa con un editorial.

Las reacciones al artículo fueron dicientes de parte de quienes detestan a los hispanos y su acervo gastronómico y cultural.

La página de internet del Observer excluyó los comentarios que contenían vulgaridades contra los "ilegales" y dejó en línea otros, como: "yo nací en un camión de cucarachas" y"no solo seres humanos respiran en esos camiones".

Uno hizo alusión a que los políticos le iban a hacer caso a los activistas a favor de las loncheras para atraer el voto hispano. Que iban a besarle la contraparte a los latinos y que seguramente un activista los iba a registrar con licencias de conducir falsas, compradas en China. Y después les indicarían como votar en las elecciones.

Definitivamente "carne asada si es un crimen".

Rafael Prieto Zartha es el director editorial del semanario Qué Pasa-Mi Gente, en Charlotte, Carolina del Norte.

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