Dotado de gran intensidad vital, emotivo, luminoso y, por momentos, divertido, "Bicicleta, cuchara, manzana", documental que aborda la convivencia de Pasqual Maragall con el Alzheimer, se exhibe hoy por primera vez en Brasil en el cierre del festival iberoamericano Cine Ceará.

En una edición en la que el cine documental ha tenido especial protagonismo, la cinta, dirigida por Carles Bosch, será la última que vean público y jurado antes de la entrega de premios, que tendrá lugar mañana en Fortaleza, la capital del nororiental estado de Ceará.

Bañada por el Atlántico, Fortaleza ha sido el hogar del séptimo arte durante una semana en la que además de las películas a concurso se han ofrecido seminarios y homenajes a directores de documental como Eduardo Coutinho o Estela Bravo.

"Bicicleta, cuchara, manzana" es el resultado de dos años de rodaje en los que Carles Bosch se introduce en vida del que fue alcalde de Barcelona durante los Juegos Olímpicos de 1992 para firmar un documento que mezcla con elegancia la ciencia con la aventura vital del protagonista.

El filme acompaña al expresidente del Ejecutivo autonómico de Cataluña y su familia durante los dos años posteriores al 20 de octubre de 2007, cuando anunció que padecía la enfermedad y su compromiso de continuar hacia adelante.

"Lo que hace que Maragall sea digno de ser protagonista no es ni quien es, ni la enfermedad que tiene. Lo importante es el paso adelante que da. Que no me sorprende en una persona que siempre se ha adelantado a su tiempo", declaró Bosch a Efe.

El director explicó la dificultad que suponía adentrarse en la esfera íntima de alguien que, a pesar de ser un veterano político acostumbrado a los focos, no había sido radiografiado de esa forma en el ámbito familiar y especialmente invadir ese espacio para abordar la lucha contra una dolencia.

"Ha sido el proyecto más difícil de mi vida y en el momento más difícil de mi vida", reconoció el director, quien aseguró que el éxito de crítica y público obtenido por el filme no le ha aportado "alegría sino un gran alivio".

"Ha sido una sorpresa hasta qué punto hemos acertado", dijo Bosch para añadir que era consciente de que si la película era de calidad "sí que serviría".

El realizador, inmerso ahora en un reportaje de carácter económico sobre el estado del bienestar para el que rodará en Fortaleza, admitió haber deseado abandonar el proyecto en algunos momentos.

Bosch asegura que la cinta "tiene un componente periodístico" y añade que la parte "menos atractiva" del trabajo de un informador es "ganarse a la gente", aunque defendió la importancia de la labor de los periodistas: "Nuestra profesión, hasta que no se demuestre lo contrario, es necesaria".

El documental tiene también espacio para el humor y uno de esos fogonazos de lucidez cómica llega cuando Maragall reconoce en un acto público que está empeorando y le suceden cosas como llegar tarde a los sitios, declaración inmediatamente matizada por uno de sus colaboradores quien le recuerda que ése era un hábito que ya tenía anteriormente.

Sin alfombras rojas, sin flashes, sin glamour, en el teatro centenario José de Alencar, donde transcurre el festival, espacio tan romántico como poco confortable para la proyección de películas, el público brasileño podrá ver por primera vez un documental agridulce, que transita espacios incómodos.

"¿Cómo te gustaría que fuera esta película?", pregunta el realizador a Maragall en el primer fotograma. "Divertida", responde él.