Angela Lansbury vuelve este viernes a los cines de EEUU seis años después con "Mr. Popper's Penguins", una cinta protagonizada por Jim Carrey y seis pingüinos que asegura risas para toda la familia, una diversión que no siempre estuvo presente en la vida de la mítica actriz, según dijo a Efe.

"Mira, toda mi vida ha sido trabajo", afirmó la célebre Jessica Fletcher, la protagonista de la serie de televisión "Murder She Wrote", a cuya grabación se dedicó por completo desde 1984 hasta 1996. "A veces hubiera deseado no trabajar tanto para poder viajar y disfrutar más", añadió.

Tiene 85 años y toda su vida dedicada al espectáculo en todas sus facetas. Fue tres veces candidata al Óscar, todas ellas como mejor actriz de reparto ("Gaslight", 1944; "The Picture of Dorian Gray", 1945, y "The Manchurian Candidate", 1962). Ha ganado seis Globos de Oro, cinco premios Tony y posee dieciocho candidaturas a los Emmy.

"He vivido momentos estupendos, siempre relacionados con mis hijos y mis casas (posee viviendas en Los Ángeles, Nueva York e Irlanda), pero tengo muchos viajes pendientes. Nunca he pisado las calles de Barcelona ni las de Madrid. Y pienso hacerlo algún día", comentó jubilosa esta londinense afincada en Nueva York, donde se encuentra su gran pasión: los teatros de Broadway.

"Sobre las tablas es donde soy realmente feliz", reconoció Lansbury, una actividad que "demanda mucha energía" y que acomete siempre con ilusión para "dar lo mejor cada día a las ocho de la tarde", la hora a la que comienzan las funciones.

Han pasado seis años desde su último papel en el cine ("Nanny McPhee") y veintisiete desde el anterior ("The Company of Wolves").

A la pregunta de ¿por qué escogió "Mr. Popper's Penguins"?, responde, entre risas: "No me escucharon. Me harté de decir que no".

"No quería regresar al cine ni hacer este papel, pero mejoraron el personaje y me encantaron las ropas que usa, todas ellas creadas por Anne Roth y yo. Es la mejor diseñadora de Hollywood para mujeres. Al final cambié de opinión y pensé que podía hacer algo divertido e interesante con esta señora", agregó.

Lansbury apenas rodó durante cinco días y para ello ni siquiera se tuvo que desplazar porque la producción se llevó a cabo en Nueva York.

En la cinta da vida a Mrs. Van Gundy, la propietaria de Tavern on the Green, un local de la "gran manzana" que pretende comprar la compañía para la que trabaja el agente inmobiliario al que encarna Jim Carrey, un tipo cuyas agresivas intenciones cambian con la llegada a su casa de seis pingüinos procedentes del Polo Norte, como parte del legado que le deja su padre, recientemente fallecido.

"Carrey y Lansbury, qué extraño dúo, ¿eh?", comentó orgullosa sobre su compañero de reparto.

"Me sentí intrigada por la idea de trabajar con él. Me parece un actor único, extraordinario, inusual... con un talento impresionante. Hacemos una pareja interesante. Y además había que trabajar con niños y pingüinos, así que la combinación me pareció encantadora", explicó.

El rodaje contó con pingüinos reales aunque los que aparecen en las escenas de Lansbury son generados por ordenador. "Lamento no haberlos conocido personalmente porque son actores estupendos", manifestó la octogenaria actriz, que afirma que el secreto de su buena salud es que se cuida mucho y que tiene mucha "resistencia".

"No pienso desvanecerme. Ya estoy planeando algo en enero del año que viene. Regresaré al teatro", aseguró Lansbury, quien considera que ha tenido tres carreras profesionales con las que se ha volcado en momentos determinados de su vida.

Primero fue el cine, después el teatro y los musicales, donde se mantiene como una de las referencias de Broadway. Y finalmente la televisión, que le dio fama mundial con "Murder She Wrote".

"Sé que en España el programa fue un éxito. Pero al final me cansé del personaje. Me encantaba, de verdad, pero hacerlo tanto tiempo tiene un coste. Fletcher representa muchas cosas buenas de cierto tipo de mujeres", declaró Lansbury, quien recalcó al final un deseo.

"Saluda por favor a España de mi parte. Prometo ir pronto", concluyó.

Por Antonio Martín Guirado.