Las puertas de estilo colonial del claustro de Santa Clara, en el centro de Quito, se abren al público por primera vez desde hace más de 400 años para mostrar tesoros patrimoniales en la exposición "El esplendor del Barroco Quiteño".

La muestra reúne unas sesenta obras entre cuadros, esculturas, objetos rituales y pinturas murales procedentes de distintos museos y expuestas, a partir de hoy, por primera vez en un solo lugar en Quito.

Y se trata de un sitio de excepción: el claustro de un convento de clausura donde viven dieciocho monjas de entre 65 y 70 años, y que es una obra de arte.

"El ejército de los conquistadores españoles que llegó a Quito en 1534 no supo que al fundar esta ciudad, en el nombre de Dios y el rey, lo que hizo fue fundar la Escuela de Arte, y de un arte que ellos no conocían, pues el barroco, como estilo artístico, aún no se había inaugurado en Europa", dijo a Efe Guido Díaz, coordinador de la exposición.

Explicó que en las obras se expresa un sincretismo cultural, pues como la mano de obra era fundamentalmente de indígenas, mestizos y negros, estos incluyeron en los cuadros de escenas religiosas diversos símbolos locales.

En la obra "se funde y se esconde" la iconografía indígena dentro de la cristiana y por ser tan abundante pasó desapercibida, ya que "no (la) ve sino el ojo de quien la ha colocado y de quien se siente identificado", dijo Díaz.

"Por eso mientras en Europa el barroco era una herramienta de dominación, de permanencia, conservación, aquí también fue una herramienta, pero de liberación", señaló.

La exposición, que se presentó ya en Alemania en 2010, muestra pinturas de Miguel de Santiago, Manuel Samaniego, Bernardo Rodríguez y Joaquín Pinto, así como tallas esculpidas por Caspicara y Bernardo de Legarda, grandes exponentes del arte quiteño.

Al finalizar el siglo XVII, Quito bordeaba los 20.000 habitantes, y ya estaban construidos más de una veintena de templos, entre ellos, el de Santa Clara, de la orden de los franciscanos, que ahora se abre parcialmente al público, explicó Díaz.

"Me parece que esto marca una época en la relación de la ciudad con sus conventos. Ahora podemos penetrar e interpretarlos, podemos reconocerlos y saber que ahí está parte de nuestra historia y que ha estado cuidada por unos personajes, por una monjas que, además, quieren seguir manteniendo su reserva", comentó.

Esas religiosas están "estresadas" con el montaje de la exposición y la apertura de las puertas, según Luz Elena Colomna, gerente de Quito Turismo, una de las promotoras de la exposición, quien pidió comprensión al público por la "invasión" del claustro.

Díaz valora la actitud de las monjas como un acto de "generosidad" ya que aparte de la muestra de arte barroco, se podrá conocer de manera más cercana la historia y el desarrollo de la Orden de Santa Clara en Quito, la magnificencia de sus claustros y la riqueza artística que guarda el Monasterio.

Con él coincide Colomna, para quien "no hay mejor momento" para presentarlas, pues este año Quito es capital americana de la Cultura.

"Eso es parte muy viva también de lo que es la cultura de Quito, la cultura religiosa, de los monasterios, sedes de esos maravillosos tesoros donde la Escuela Quiteña tuvo su más deslumbrante expresión y conviven con el mundo contemporáneo", añadió.

Para Colomna, la exposición abre, además, la posibilidad de aproximarse "con respeto" al mundo "del silencio, de la clausura" que se vive en el convento, incrustado en el ruidoso centro histórico de Quito, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

A su juicio, ese centro es un "museo vivo", lleno de misterios y monasterios, conventos e iglesias, retablos, artesonados, imágenes y pinturas barrocas, mientras que para Díaz expone su ser también en sus calles, sus casas y hasta en sus montañas, en el espíritu de su gente.

En su opinión, la exposición es importante para que los ecuatorianos conozcan su pasado y unas fuentes de identidad que son resultado de un crisol de culturas.