El primer ministro japonés, Naoto Kan, cumplió hoy un año al frente de un Gobierno que, tras afrontar una de las páginas más negras del país por el terremoto del 11 de marzo, ve cercana su salida ante las crecientes presiones para su dimisión inmediata.

El aniversario, que convierte a Kan en uno de los mandatarios que más tiempo ha estado en el poder en Japón en los últimos cinco años, se vivió entre la preocupación por la crisis nuclear de Fukushima, los esfuerzos para reconstruir el devastado noreste del país y un tenso ambiente político.

Y es que los llamamientos para la dimisión de Kan por su gestión de la crisis han arreciado desde la semana pasada, cuando superó una moción de censura pero solo después de comprometerse a dimitir una vez encauzada la reconstrucción tras la catástrofe del 11 de marzo.

Tanto la oposición como algunas facciones del gobernante Partido Democrático (PD) reclaman que el primer ministro deje su puesto apenas se apruebe la llamada Ley Básica para la Reconstrucción, lo que podría ocurrir incluso la próxima semana.

Para que reciba la luz verde, esa norma, que incluye la creación de una Agencia para la Reconstrucción, necesita el respaldo del opositor Partido Liberal Demócrata (PLD), que gobernó Japón durante 54 años hasta que el PD llegó al poder, en agosto de 2009.

El portavoz del Gobierno, Yukio Edano, insistió hoy en que el apoyo a esa ley no debe ser utilizado como medida de presión para la dimisión de Kan, y salió en defensa del mandatario al recordar que su Gabinete había hecho algunos "progresos importantes" antes de que el desastre de marzo truncara su programa político.

Cuando Kan tomó posesión del Gobierno, el 8 de junio de 2010, Japón era aún la segunda economía mundial (aunque el vertiginoso crecimiento de China ya auguraba su rápida caída al tercer puesto), su gran preocupación era lidiar con una exorbitante deuda pública y sus centrales atómicas eran consideradas las más seguras del mundo.

Hoy, el país es el epicentro de la crisis nuclear más grave desde la de Chernóbil y afronta, además del drama humanitario, el reto de financiar una reconstrucción millonaria que pasará factura a su altísima deuda, que ronda el doble de su Producto Interior Bruto (PIB).

Según estimaciones difundidas hoy por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Tokio, la economía nipona se contraerá este año fiscal un 0,7 por ciento a causa del desastre, aunque en 2012 se recuperará y crecerá un 2,9 por ciento, ocho décimas más de lo previsto inicialmente.

Con el reto de afrontar esta difícil recuperación y con la próxima caída de Naoto Kan vista como un hecho seguro, algunos miembros del PD y el PLD negocian de forma informal una posible gran alianza para agilizar la tramitación de las leyes, puesto que el Gobierno tiene mayoría absoluta en la Cámara Baja pero no en el Senado.

Kan mantuvo hoy silencio sobre su futuro político, mientras entre los medios se comenzó a especular sobre sus posibles sucesores, entre los que figuran el titular de Finanzas, Yoshihiko Noda, o el ministro de Estrategia Nacional, Koichiro Gemba.

A la presión política sobre Kan se suman los problemas en la central de Fukushima Daiichi, epicentro de un accidente nuclear para el que, según ha admitido el propio Ejecutivo, el país no estaba plenamente preparado.

Anoche, el primer ministro admitió que al inicio de la crisis hubo poca comunicación con la empresa operadora de la planta, Tokyo Electric Power (TEPCO), al tiempo que anunció que la Agencia de Seguridad Nuclear se escindirá del Ministerio de Industria para que tenga mayor independencia.

A punto de cumplirse tres meses desde la tragedia, este organismo reveló esta semana que la radiación emitida por la central los primeros días de la crisis podría haber sido el doble de lo estimado inicialmente, mientras que los núcleos de los reactores 1, 2 y 3 se habrían fundido mucho antes de lo que se pensaba.

Estos datos aparecen en el informe que el Gobierno entregará al Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en la reunión que mantendrá en Viena a finales de mes.