Michael J. Fox, el eterno adolescente de la mítica saga "Back to the Future", cumple mañana 50 años prácticamente retirado del cine y la televisión debido a su lucha contra el Parkinson, aunque no duda en asomar su eterna cara de niño de forma esporádica en proyectos que le resultan de interés.

Quién lo diría, pero Marty McFly se hace mayor. Fox dio vida a ese personaje, uno de los grandes iconos cinematográficos para toda una generación, en tres películas dirigidas por Robert Zemeckis y en las que siempre estuvo acompañado por su fiel Doc, el delirante científico encarnado por Christopher Lloyd.

La primera, "Back to the Future", estrenada en 1985, fue candidata a cuatro premios Óscar (ganó el de edición de sonido) y recaudó cerca de 400 millones de dólares en todo el mundo. En el filme, el adolescente medio estadounidense en la década de 1980 que era McFly viajaba al pasado hasta 1955, donde debía asegurarse de que sus padres se conocieran y se enamoraran.

¿Cómo? A través de una máquina del tiempo en forma de automóvil -un DeLorean-, alimentado por plutonio y cuyo componente principal, cuyo funcionamiento siempre será un misterio del séptimo arte, era un "condensador de fluzo".

La segunda y la tercera parte, con menor tirón en taquilla, se rodaron de forma consecutiva y enviaban a McFly a viajar de nuevo en el tiempo, primero hasta el año 2015 (cuando encuentra que su familia está en la ruina) para luego retroceder hasta 1885 en una aventura por el Viejo Oeste para evitar la muerte de Doc.

Aquel personaje convirtió a Fox en toda una celebridad. Una fama a gran escala que le llegó de forma inesperada, ya que el rodaje de la primera entrega tuvo durante sus primeras cinco semanas un actor protagonista diferente: Eric Stolz.

Zemeckis y Steven Spielberg, productor ejecutivo del filme, acordaron que el resultado que estaba dando Stolz, principalmente por su tipo de humor, no era el que esperaban, así que plantearon al estudio empezar de nuevo a grabar desde el principio con Fox.

Aquello le cambió la vida a Fox. Este canadiense, bajito para los estándares de Hollywood (1,64 metros), se mudó a Los Ángeles (California) tras hacer sus pinitos en la televisión de su país, y tras un tiempo le llegó una oferta para interpretar a Alex Keaton en la serie de comedia "Family Ties", que le deparó tres premios Emmy entre 1986 y 1989 y un Globo de Oro.

Esa fue la puerta por la que accedió a las pruebas para "Back to the Future". Tras el éxito de la cinta, trabajó en filmes como "Teen Wolf" (1985), "Light of Day" (1987), a las órdenes de Paul Schrader, "The Secret of My Success" (1987) y "Casualties of War (1989), de Brian de Palma, con irregulares resultados de crítica y público.

Después llegaron las secuelas de la franquicia de Zemeckis y posteriormente una carrera marcada por una serie de comedias más o menos atinadas, como "The Hard Way" (1991), con James Woods, "Doc Hollywood" (1991), "Life With Mikey" (1993), "For Love or Money" (1993), "The American President" (1995), "The Frighteners" (1996), de Peter Jackson, o "Mars Attacks" (1996), la obra de Tim Burton.

En esa época Fox se reencontró con la televisión gracias a la serie "Spin City", que le deparó otro Emmy en el año 2000 y tres Globos de Oro consecutivos al mejor actor de comedia, pero su vida también dio un giro radical entonces.

Tras ser diagnosticado con Parkinson en 1991, el actor decidió dejar de actuar casi de forma permanente. En 1998 se había sometido a una operación quirúrgica en el cerebro para reducir los temblores que padecía, y un año después hizo pública su enfermedad cuando los síntomas eran evidentes.

Desde entonces el público ha podido disfrutar de su voz en las versiones originales de "Stuart Little" (1999) y sus dos secuelas, así como de sus apariciones especiales en series como "Scrubs", "Boston Legal", "Rescue Me" o "The Good Wife".

El pasado 27 de mayo recibió la Orden de Canadá, la máxima condecoración del país, en reconocimiento a su lucha contra el Parkinson. Su fundación Michael J. Fox, centrada en la investigación de esa enfermedad, ha recaudado 225 millones de dólares para investigar una cura para ese mal.

Por Antonio Martín Guirado.