El Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó hoy su perspectiva de crecimiento para Japón en 2011 hasta una tasa negativa del 0,7 por ciento, al mismo tiempo que incrementó ocho décimas la de 2012, cuando prevé que el país crecerá un 2,9 por ciento.

El director en funciones del FMI, John Lipsky, hizo públicos hoy en Tokio los nuevos pronósticos del organismo, que anteriormente había previsto un crecimiento del PIB japonés del 1,4 por ciento para 2011 y del 2,1 por ciento para 2012.    

Estos datos se incluyen en la declaración que corresponde a la ronda de consultas anual del FMI en Japón, y que explica que la economía japonesa sufre aún los efectos negativos del terremoto y el tsunami del 11 de marzo, "aunque se recuperará con fuerza en la segunda mitad del año".

La declaración también recomienda al país una reforma fiscal para financiar la reconstrucción y limitar así la emisión de deuda.

Las sugerencias incluyen "incrementar moderadamente" el impuesto al consumo (equivalente al IVA) hasta el 7 o el 8 por ciento, desde el 5 por ciento actual, "una vez que la recuperación esté encaminada".

Lipsky indicó que es conveniente que Japón "aproveche el rebote previsto para 2012" para subir el IVA como parte de una política que, a juicio del FMI, debería ser más ambiciosa a medio plazo para recortar su elevado déficit público.

Kenneth Kang, uno de los representantes del Departamento de Asia Pacífico del FMI, señaló que una subida gradual de este impuesto indirecto hasta el 15 por ciento en los próximos años podría ayudar a reducir el déficit japonés durante la próxima década.

Por otra parte, Lipsky añadió que una reducción del impuesto de sociedades (actualmente en el 40 por ciento) también debería ser una medida a considerar por Japón.

La declaración señala además que las demoras en la reforma fiscal nipona podrían tener efectos colaterales en las economías de otros países.

En materia monetaria, el FMI sugiere que el Banco Central de Japón (BOJ) podría flexibilizar más su política en este sentido y ampliar su programa de compra de activos para prevenir futuros riesgos de deflación.

La declaración indica que las presiones deflacionarias de Japón aún persisten pese a que el IPC subió un 0,6 por ciento en abril, el primer incremento en dos años.