Dotado de una sutileza única, Ulf K. ha sabido trasladar la poesía al lenguaje del cómic. "Hieronymus B." (Dibbuks) y "La primera estrella " (Dolmen) son los títulos publicados en España del dibujante alemán, que acaba de visitar la Feria del Libro de Madrid para firmar ejemplares de sus obras.

"Creo que todas las personas tienen algo bueno y malo, y en mis cómics intento plasmar esas dos caras mientras reflexiono sobre la condición humana. También es una herramienta para hablar de las cosas que me suceden, una especie de vía de escape", explica Ulf Keyenburg (Oberhausen, Alemania, 1969) en una entrevista con Efe.

La bibliografía de este autor sobrevuela un cosmos onírico, de corte infantil e inocente, donde sus personajes se dan cita la muerte y la vida, la luz y la oscuridad, la luna y las estrellas, en una mezcla que conecta al lector con sus más profundos sentimientos.

Entre sus primeros referentes en el mundo de la ilustración, Keyenburg recuerda el impacto que le causaron "todas las historietas de Astérix y Obélix, así como las de Tintín". "Luego me enganché a 'Valentín Acero', una serie del dibujante belga Peyo, creador a su vez de 'Los pitufos'", apunta.

"A los 14 años decidí dibujar cómics de forma seria, y a partir de los 16 me separé de las grandes líneas 'mainstream' y empecé a descubrir un universo que me era desconocido: Silvestre Schalone, Moebius y, en general, todos los grandes autores franco-belgas", detalla.

Tras cursar estudios de Ilustración en la Universidad de Essen, el dibujante inició una carrera profesional que se extiende hasta nuestros días, en los que disfruta de una merecida fama como cabeza visible de la nueva generación de autores alemanes, posición adquirida gracias a un estilo que bebe de fuentes diversas.

"Hubo muchas influencias que, en un momento dado, confluyeron para dar lugar a mi estilo particular. La obra de Schalone ha sido muy importante para mí, al igual que Yves Chaland. Más tarde encontré inspiración en François Avril, Philippe Dupuy, David B... Todos juntos forman un coctel que ha resultado en lo que hoy son mis dibujos", afirma Keyenburg.

"He probado muchas tendencias en diferentes momentos de mi trayectoria, pero siempre regresaba a la línea clara, que siento mucho más cercana. Para mí no hay nada cerrado, porque sigo haciendo cosas nuevas en las que me reconozco, pero estoy en el camino de encontrar algo que me defina", añade.

Con indisimulada tendencia al minimalismo, los cómics de Ulf K. destacan por la ausencia de palabras, entregándose por completo a la narrativa visual. "Mis dibujos buscan la sencillez, así que la falta de texto es una consecuencia lógica. Las palabras quedarían de más en mis historias", asevera.

"En ocasiones es más difícil contar algo sólo con el apoyo del dibujo, pero en eso consisten los retos. Luego hay casos como 'Hieronymus B.', que ya no me resulta tan complicado, porque son situaciones que conozco y puedo manejarme con mayor soltura", analiza.

Los proyectos se acumulan en la mesa del ilustrador, que ahora trabaja en una adaptación al cómic de "Bartleby, el escribiente", relato del escritor Herman Melville. "Sugerí la posibilidad de hacerlo sin palabras, pero ahora me he dado cuenta de la dificultad de trasladar esas palabras tan bonitas al dibujo", confiesa.

"En este cómic voy a actuar como un dramaturgo: aunque el final no tenga nada que ver con el de la obra literaria, quiero que este trabajo me involucre como persona, que me influya para ver qué sale de todo este proceso", remata.