Lo primero que le dijeron a Silvia Huelves cuando comenzó a estudiar arquitectura fue que le convendría aprender chino o japonés, que en España no se construiría nada por mucho tiempo.

El comentario reflejaba el estado de cosas en el país, donde la tasa de desempleo entre las personas de entre 16 y 24 años es un astronómico 45% y el sector de la construcción está paralizado como consecuencia de una feroz recesión que ya lleva dos años.

Los jóvenes están empezando a alzar sus voces, organizando protestas y campamentos improvisados en el corazón de las principales ciudades de España para llamar la atención sobre sus padeceres. La policía antimotines mantuvo enfrentamientos con manifestantes al tratar de despejar una plaza el 27 de mayo y en los incidentes resultaron heridos 81 manifestantes y 37 policías, según las autoridades.

Los manifestantes están airados por un montón de cosas, incluidas las escasas perspectivas laborales y el hecho de verse obligados a vivir con sus padres ya de adultos.

Huelves, una muchacha de 19 años con una gran sonrisa, dice que sus profesores no ocultan el hecho de que las posibilidades de conseguir trabajo no son alentadoras.

"Lo primero que te dicen es 'olvídate de esto, nunca construirás un edificio''', expresó. "Dicen que la arquitectura es algo magnífico, muy útil, pero que no vas a erigir edificios".

El de la construcción es sin duda el sector más golpeado pues venía de un período de esplendor. Pero no el único. Casi todos los campos han sido afectados y ofrecen escasas posibilidades. La tasa nacional de desempleo es del 21,3%, pero entre las personas de hasta 29 años llega al 35% y es más de dos veces ese promedio entre los menores de 24.

Para transmitir su malestar, los jóvenes han estado coordinando movilizaciones mediante redes sociales como Twitter y Facebook e instalando enormes campamentos en los centros de las ciudades. El de Madrid incluye clínicas y bibliotecas con sillones, así como puestos con manzanas y bananas, jugos y sándwiches de baguette donados.

"Estamos hartos, hartos", expresó María Martínez, de 32 años, sentada en una reposera bajo una tela azul que protege al campamento del sol abrasador del mediodía.

Martínez se considera relativamente afortunada porque lleva apenas dos meses sin trabajo y trabaja desde los 17 años, mayormente en fábricas y oficinas. Pero dice que siempre cobró muy poco, a veces no tuvo beneficios y que indefectiblemente no figuraba en la nómina de empleados.

Martínez despotrica contra medio mundo: los políticos conservadores que vieron cómo se formaba la burbuja del mercado inmobiliario y se llevaron el crédito por el aumento del producto nacional bruto, los bancos que colaboraron y se beneficiaron concediendo créditos a diestra y siniestra y al actual gobierno socialista, que estaba a cargo cuando finalmente estalló la burbuja en el 2008, causando estragos en la economía.

"Soy la primera en admitir que reaccionamos tarde, que nos dejamos estar mucho tiempo", dijo Martínez.

Otro desempleado que protestaba, Pablo Luna, de 27 años, tiene un título en historia y una maestría en periodismo, y dice que sus perspectivas de encontrar trabajo son nulas. Aseguró que es prácticamente imposible que alguien que termina sus estudios consiga trabajo enseguida.

"Yo no conozco a nadie que lo haya hecho", manifestó Luna, un joven que se expresa bien, con una colita y voz de locutor radial. "Debería estar buscando trabajo, pero siento que tengo que estar aquí en este momento".

Buena parte del problema responde a las rígidas normas laborales que hay en España, sobre todo el alto costo de despedir a trabajadores mayores, poco productivos, amparados por una legislación de hace 30 años, según Gayle Allard, especialista en el mercado laboral de la IE Business School de Madrid.

Las empresas no quieren contratar gente con beneficios, por lo que los jóvenes generalmente son contratados a título temporal, a veces por unos pocos meses. Hasta no hace mucho esos contratos eran renovados, pero ya no.

Un tercio de los trabajadores tienen contratos temporales y la tasa de desempleo se ha más que duplicado en los últimos tres años. Los jóvenes que consiguen trabajo generalmente ganan menos de 1.000 euros (1.400 dólares) al mes y no tienen seguridades ni beneficios.

Hacia marzo, la tasa de desempleo entre los menores de 25 años giraba en torno al 21% en los 27 países de la Unión Europea, menos de la mitad que en España, de acuerdo con la agencia de estadísticas Eurostat. Hasta en Grecia, que afronta también una grave crisis, el desempleo entre los jóvenes es menor, del 36%.

El año pasado el gobierno impulsó reformas que hacen más fácil despedir empleados y más costoso ofrecer contratos temporales. Pero esas medidas no tuvieron el impacto esperado y los españoles jóvenes, incluso los que hablan otros idiomas y tienen conocimientos de computadoras, siguen sin conseguir trabajo, según Allard.

Los jóvenes "no pueden conseguir trabajo y ser productivos", afirmó Allard, un estadounidense que vive en España desde hace 25 años. "No pueden explotar sus conocimientos. No pueden ahorrar. No pueden comprar casas. No están acumulando riqueza que les permitan vivir en el futuro".

"Están pagando por nuestras pensiones y no pueden ahorrar. Es algo que mete miedo", agregó.

En la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, María Pérez, de 21 años, está a punto de graduarse de podóloga, pero no se muestra alegre. Dice que de su círculo íntimo de 20 amigos, solo tres tienen trabajo.

"No hay razón para celebrar porque sabes que seguirás viviendo con tus padres y terminarás trabajando en una tienda", expresó.

------

Alan Clendenning contribuyó en este despacho desde Madrid.