Los portugueses acuden el domingo a las urnas ansiosos por cambiar el deterioro económico del país, y seguramente pasarán factura al gobernante Partido Socialista.

Portugal es, junto con Grecia e Irlanda, uno de los tres países cuyas abultadas deudas soberanas les obligaron a pedir ayuda financiera a sus socios de la eurozona para evitar la bancarrota.

Según los analistas, la economía portuguesa se contraerá un 4% en los próximos dos años y el desempleo supera ya el 12,6%.

El gobierno socialista recibió un crédito de 78.000 millones de euros, redujo los salarios de los funcionarios públicos y elevó los impuestos.

Recientes sondeos de opinión indican que el principal grupo opositor, el centro-derechista Partido Social Democrático, ganará las elecciones.

El sábado es oficialmente un "día de reflexión" y están prohibidas las actividades proselitistas electorales.