El Heat de Miami finalmente hizo su diagnóstico de la causa del derrumbe que le costó la derrota en el segundo partido de la final de la NBA, después de dos días de estudiar los videos y un análisis concienzudo de las últimas 14 posesiones de balón.

El argumento no fue altamente técnico: "Lo dejamos escapar", dijo Dwyane Wade.

Antes del tercer partido del domingo por la noche, el Heat querrá disipar de su ánimo esa derrota, una de las peores volteretas del marcador sobre el cierre de un partido en la historia de la final de la liga.

Llevar a cuestas el estigma de ese revés sólo conduciría al Heat de nuevo al desastre, cuando la final se muda al calor de Dallas para el primero de tres partidos en cancha de los Mavericks.

En el segundo partido, Dallas remontó una desventaja de 15 puntos en los últimos siete minutos y le sacó a Miami el triunfo del bolsillo. En ese lapso final, Dallas arrolló 22-5 a Miami para empatar la serie 1-1.

Gracias a esa victoria, los admiradores de los Mavericks podrían volver a ver una celebración de campeonato de la NBA. Sólo que en esta ocasión los campeones serían los locales y no el Heat, que se alzó con el título de 2006 como visitante en Dallas.

"En la postemporada, se gana o se pierde. Llegue como llegue es una victoria o una derrota", dijo el alero LeBron James.

"Hemos dejado atrás el segundo partido, examinamos los errores que cometimos. Examinamos algunas de las cosas buenas que hicimos también. Se gana, se pierde. La serie está empatada 1-1. Jamás nos ponemos muy optimistas ni muy pesimistas en las series. Tampoco lo hicimos en la temporada regular".

El tercer partido es crucial por muchas razones obvias: el Heat no quiere otro derrumbe y los Mavericks desean impulsarse en la inercia del triunfo y aprovechar la ventaja de locales.

Desde la adopción del formato 2-3-2 para las finales de la NBA, los equipos se repartieron los dos primeros partidos en 12 ocasiones. En las 11 anteriores, el ganador del tercer partido se ha alzado con el campeonato.

"No debemos aflojar. No somos tan buenos como para relajarnos", dijo el ala pivote de los Mavericks, el alemán Dirk Nowitzki, quien encabezó la racha ofensiva final de Dallas en Miami.

"Necesitamos jugar al límite todas las veces todos los partidos. Así que esperamos (el domingo) que con la multitud de seguidores apoyándonos, tengamos un gran partido. Sólo espero este encuentro".

El entrenador del Heat, Erik Spoelstra, fue más sucinto. "Creo que a esta altura ambos equipos han revertido las estadísticas y probabilidades", dijo. "No somos un equipo tradicional".

Quizá ésa fue una de las razones por las cuales el Heat se veía tan poco preocupado el sábado.

Los jugadores llegaron al estadio para entrenar alrededor del mediodía, la mayoría con audífonos mientras descendían del autobús. Algunos movían la cabeza al ritmo de la música y saludaban con un gesto a los observadores.

James y Wade conversaban y reían, un grupo reducido de jugadores inspeccionaba el césped sobre el que se jugaría el sábado por la noche un partido de fútbol americano bajo techo y otros extendían sus brazos para tocar los postes de anotación, mientras recorrían el terreno en el que será montada la cancha de básquetbol para el domingo.