Leonardo Leal, de 18 años, no tenía dinero para pagar por el álbum de fotos al terminar la secundaria. Por años, no tuvo un verdadero hogar. Pero todo eso está cambiando para este muchacho cuyos amigos llaman Leo.

Leal, el mejor estudiante de la escuela secundaria Braden River High School, es uno de los jóvenes del condado de Manatee más codiciados por las universidades. Un muchacho que alguna vez no tuvo techo, ha sido aceptado por las universidades de Harvard, Stanford y Brown. También está en las listas de espera de Dartmouth y Princeton. Hace poco regresó a Bradenton tras visitar Stanford en Palo Alto, California. Ya había estado en persona en Harvard y en la Washington and Lee University.

Pero ya no visitará mas universidades, pues decidió enrolarse en Stanford.

"Me encanta, lo puedo confirmar", declaró entusiasmado. "Stanford me ofrece lo que yo quiero. La atmósfera, la gente, la energía... Me motiva para estudiar".

A Leo le ofrecieron becas y subsidios por más de 50.000 dólares para sus estudios. También recibirá ayuda del gobierno. Cuando comenzó a averiguar por sitios para quedarse antes de que se inicien las clases, se cruzó con el presidente de Stanford John Hennessy, quien le dio consejos. La conversación fue uno de los puntos salientes del fin de semana para Leo.

No siempre, sin embargo, el joven tuvo el entusiasmo y la energía de ahora.

"Hace tres años, pensé que jamás iría a la universidad", comentó.

Ese fue un período duro para Leo. Su padrastro le pidió que dejase de estudiar y se pusiese a trabajar. Se negó y el padrastro lo echó de la casa donde vivía con su madre y dos hermanos.

"Fue el peor momento", relató.

La separación de su familia contrastó con la estabilidad de su infancia en México, donde vivió por años con su abuela.

Aún hoy, considera a su adorada Magdalena su madre y su abuela. Pero cuando su salud comenzó a flaquear, Leo fue enviado a vivir con familiares en Estados Unidos.

Vino a este país a los 12 años, como inmigrante ilegal. Tuvo que arreglárselas para aprender inglés en la escuela. No fue fácil, según dijo.

Su vida tampoco fue sencilla. Pasó de un familiar a otro, de tías a primos, que vivían en los condados de Manatee y Hillsborough.

Alternó entre las escuelas secundarias Braden River y Palmetto, y también asistió a Lennard High en Ruskin. Cambió de casa por lo menos cinco veces.

"Trataba de quedarme en el sitio donde estaba el mayor tiempo posible", manifestó.

Su tercera casa fue la de su madre y su padrastro. Resultó un período malo, pues su padrastro era muy severo.

"A veces miraba al cielo y me preguntaba por qué me pasaban ciertas cosas", afirmó. "Aguanté como pude".

Rezaba y recordaba lo que le había dicho su abuelita.

"Cuando no sabía qué hacer", contó, "ella me decía 'la muerte es lo único que no tiene solución. Todo lo demás se puede resolver'. También me decía, 'no dejes que las cosas negativas te afecten'''.

Estaba decidido a no caer en las drogas ni en las pandillas. Siguiendo los consejos de su abuela, se inventó consignas: "Trabaja duro y trata de labrarte un futuro mejor".

Eso fue lo que impresionó a Christy Holt, profesora de la Braden River High School. Leo estaba en su clase para alumnos avanzados.

"Es un chico fascinante", expresó Holt. "No se deja estar cuando los demás buscan una excusa para no seguir. Nunca conocí a nadie como él".

Holt describió a Leo como un joven astuto, con una sólida ética de trabajo. No un sabio, pero sí alguien "extremadamente inteligente".

"Nunca conocí a nadie que supere obstáculos de la forma en que lo hace él", insistió.

Deborah Bailey, trabajadora social del distrito escolar y directora del programa Project Heart, opinó que Leo es un "geniecito".

"Está muy por encima del promedio", aseguró.

Project Heart es un programa que asiste a familias y estudiantes desamparados o que corren el riesgo de quedar en la indigencia. Dijo que estaba claro que la educación era algo importante para Leo.

"Obviamente era brillante porque había estado en el país unos pocos años", expresó Bailey. "Pasó por las casas de varios familiares en los dos últimos años. Me impresiona la forma en que perseveró. Hubiera sido mucho más fácil entregarse".

Gulf Coast Legal Service ayudó a Leo a conseguir una visa especial para jóvenes inmigrantes, que le permite estar en el país legalmente. Dentro de cinco años podrá pedir la ciudadanía, indicó.

Envió solicitudes de admisión a una quincena de universidades, según Bailey. Dijo que el solo hecho de enviar las solicitudes exigió valor. Pero lo hizo como hace todo, "con total determinación y perseverancia".

La educación lo ayudó a no descarrilarse. Dice que la escuela le da "alivio o terapia".

"La educación era como un pedestal en el que me podía parar y mantener una actitud positiva", declaró.

Esa actitud fue la llave que le abrió las puertas a un futuro lleno de sueños. Leo dice que ahora vive con un primo en Bradenton y tiene una buena situación.

"Tengo muchos sueños. Soy joven", expresó.

Dice que planea estudiar administración de empresas/marketing internacional o medicina.

"A menudo pensé: '¿Por qué tengo que soportar tantas cosas'''', dijo Leo. "Al mismo tiempo, la experiencia me hizo fuerte. Si no hubiera vivido lo que viví, tal vez no sería el de hoy".

En junio completará la secundaria en la Braden River High School, donde es el primero de su clase, según el distrito escolar de Manatee.

Tiene un promedio de 4,66 gracias a clases especiales que tomó. También recibirá del State College of Florida un título universitario básico (associate's degree).

Antes de comenzar las clases en Stanford, quiere hacer algo más: visitar a su abuelita Magdalena.

"Es mi forma de agradecerle todo lo que hizo", comentó. "Me cuidó como a un hijo".

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Información del diario The Bradenton Herald , http://www.bradenton.com