Jaycee Dugard se negó a "perder otro segundo" más en presencia del matrimonio que, dijo, le robó la vida.

No quiso estar el jueves en el tribunal del norte de California cuando Phillip Garrido, el delincuente sexual reincidente que la secuestró, violó y retuvo durante 18 años, fue sentenciado, a los 60 años de edad, a pasar el resto de su vida en prisión, mientras su esposa, Nancy, de 55 años, fue condenada a varias décadas de cárcel.

Los sentimientos que la víctima, ahora de 31 años, nunca pudo expresar mientras fue mantenida en cautiverio brotaron por fin en la corte.

"Prefiero no estar hoy aquí porque me niego a perder otro segundo de mi vida en presencia de ustedes", dijo Dugard en un comunicado leído por su madre, en las primeras declaraciones públicas sobre su experiencia desde que la policía la encontró hace 22 meses. "Cuando pienso en todos esos años me enfado porque ustedes me robaron la vida y la de mi familia".

"Todo lo que me llegaron a hacer estuvo mal, y espero que algún día puedan verlo", escribió en referencia a Phillip Garrido. "Por ti y por la perversión sexual en que me forzaste, detesté cada segundo de cada día de 18 años".

Su madre le manifestó por su cuenta a la pareja: "La única satisfacción que conozco es que nunca más volverán a ver a mi hija".

Dugard tenía 11 años en junio de 1991, cuando fue secuestrada por la pareja mientras su padrastro la veía caminar hacia el autobús escolar cerca de su casa en South Lake Tahoe. La tuvieron cautiva en un recinto secreto en un patio trasero. Dio luz a dos niñas, la primera cuando tenía 14 años, procreadas por Phillip Garrido.

La pareja, con los uniformes naranja de reos, evitó el contacto visual con todos. Ambos mantuvieron la cabeza gacha durante la lectura de la carta.

La abogada de Phillip Garrido, Susan Gellman, leyó en la corte una declaración de su cliente, quien dijo que coincidía con Dugard y que no esperaba indulgencia alguna.

En partes de un documento presentado ante un jurado investigador y divulgado el jueves, Dugard dijo que los Garrido la inmovilizaron con una pistola de choques eléctricos y se la llevaron en un automóvil, a la casa del matrimonio.

Ahí, sus captores le advirtieron que volverían a darle choques eléctricos si intentaba escapar. Añadieron que tenían perros bravos que la atacarían si no obedecía.