Mitt Romney lanzó formalmente el jueves su campaña para aspirar a la candidatura presidencial republicana, sumándose a una competencia en la que parte con la ventaja de ser el favorito entre los aspirantes perfilados hasta ahora, pero con la desventaja de parecer sumamente vulnerable.

"Soy Mitt Romney y creo en los Estados Unidos de América", dijo el ex gobernador de Massachusetts. "Y me postulo para presidente", agregó ante una multitud que lo vitoreaba en una soleada finca de Nueva Hampshire, un estado crucial para su estrategia. Aquí llegó segundo durante su campaña del 2008 y ha invertido muchos esfuerzos en este estado desde entonces.

Aunque es líder entre los republicanos que aspiran a competir contra el presidente Barack Obama en el 2012, muchos conservadores lo consideran demasiado moderado.

La puja republicana todavía está en veremos. Sarah Palin, candidata a vicepresidenta en el 2008, no ha dicho si se presentará. Pero esta semana ocupó primeras planas con una gira que destacó su potencial.

El gobernador de Texas Rick Perry sopesa su posible candidatura. La legisladora Michele Bachman parece inclinada a competir.

Aun así, Romney cuenta con un equipo político experimentado y ha recaudado una suma considerable para su campaña. Ha tratado de apelar al ala derechista de su partido retractándose de posiciones anteriores de apoyo del aborto, el control de las armas de fuego y los derechos de los homosexuales.

En extractos de su discurso, el mensaje de Romney hace eco de las frustraciones de los votantes: la falta de empleo, los juicios hipotecarios y los gastos excesivos en Washington.

"Barack ha fallado" al país, dijo Romney al hacer el anuncio. Es un mensaje que apela a los conservadores en Iowa y Carolina del Sur, además de los independientes en Nueva Hampshire. Los tres estados tienen votaciones tempranas en las primarias republicanas.

Entre los obstáculos que enfrenta Romney se encuentran las preocupaciones de algunos cristianos evangélicos acerca de su religión mormona.

También es vulnerable a críticas sobre la ley que apoyó como gobernador en el 2006 que requirió que los residentes de Massachusetts obtuvieran seguro de salud. Esa ley fue considerada un modelo para el plan de salud de Obama, rechazado por los republicanos.