El primer ministro de Japón Naoto Kan sobrevivió el jueves a un voto de censura en el parlamento japonés, aunque afirmó que estará dispuesto a renunciar al cargo tan pronto como arranque el proceso de recuperación tras el paso de un terremoto y un tsunami que devastaron al país.

Kan superó la medida de censura por 293 votos en contra por 152 a favor en la cámara baja del parlamento japonés, de 480 escaños. Varios integrantes de la cámara no estuvieron presentes o se abstuvieron a votar.

Antes de la votación, Kan instó a los legisladores que le permitieran permanecer en el cargo para poder impulsar las medidas encaminadas a hacer que el país supere la crisis provocada por el terremoto y el tsunami que devastaron el noreste del país, que mataron a 24.000 personas y desarticularon una planta nuclear.

El mismo Kan indicó que considerará renunciar tan pronto como las labores de reconstrucción tomen forma.

Kan no especificó la fecha en que podría dimitir o cómo determinaría que la recuperación está ya en camino. La oposición rechazó inmediatamente la petición, diciendo que Japón no podía darse el lujo de tener una mala administración a punto de dejar el puesto.

Kan, quien tiene apenas un año en el cargo, fue criticado por no actuar lo suficientemente rápido para evitar la crisis nuclear.

"Una vez que la reconstrucción posterior al sismo sea acordada, pasaré mis responsabilidades a generaciones más jóvenes", señaló Kan.

"La crisis nuclear está vigente, y haré mi mayor esfuerzo para terminar con esa crisis y seguir adelante con los trabajos de reconstrucción", agregó el primer ministro.

Los medios de comunicación japoneses informaron que Kan podría quedarse unos meses más.

"No creo que sea mucho", dijo Yukio Hatoyama, miembro del partido en el poder que precedió a Kan como primer ministro.

Según el gobierno japonés el costo del terremoto y el maremoto podría alcanzar los 309.000 millones de dólares, lo que lo convierte en el desastre natural más caro del que se tenga registro, con daños importantes en vivienda, carreteras, servicios públicos y negocios.

La creciente deuda de Japón ya duplica el tamaño del producto interno bruto del país.