Más de 31.000 ancianos británicos pueden verse afectados por la amenaza de quiebra que sufre la empresa Southern Cross, el mayor operador privado de residencias del Reino Unido.

Algunos diarios, como el "Daily Mail", culpan de la crisis a "especuladores" financieros y denuncian que una vez más sean los contribuyentes quienes tengan que pagar los platos rotos que deja el sector privado.

El Gobierno de David Cameron ha anunciado ya que utilizará dinero público para garantizar que 750 residencias amenazadas de cierre continúen prestando sus servicios a los ancianos en ellas acogidos.

El segundo operador privado del sector, Four Seasons, también está en dificultades, según medios británicos, y parlamentarios de todos los partidos han hecho un llamamiento al Gobierno para que tome medidas que impidan que los especuladores hagan millones con la miseria ajena.

Southern House ha anunciado una profunda reestructuración y ha dicho que dejará de pagar el 30 % de los alquileres de las residencias que opera en un intento desesperado por evitar la quiebra.

Otro operador privado, Bondcare, propietario de algunas de las residencias gobernadas por Southern Cross, ha propuesto hacerse cargo también del funcionamiento de algunas de ellas.

Según los analistas, si Southern Cross no cumple sus obligaciones al no poder pagar el alquiler que debe por sus residencias, los dueños de los inmuebles pueden obligarla a declarar suspensión de pagos.

Algunos propietarios, sin embargo, se muestran reacios a dar ese paso por la impopularidad de una medida que afectaría gravemente a miles de personas vulnerables y que provocaría el inmediato rechazo de sus familiares y de la sociedad en su conjunto.

Southern Cross fue adquirida en 2004 por el grupo estadounidense de capital privado Blackstone, que pagó por ella 162 millones de libras (186 millones de euros al cambio actual) para venderla tres años más tarde.

Junto a Southern Cross, Blackstone adquirió entonces numerosos activos en Londres como la rueda gigante conocida como el London Eye o el parque temático de Alton Towers.

Blackstone compró al mismo tiempo otra empresa administradora de residencias para ancianos, NHP, aunque la dedicó exclusivamente a actividades de propiedad inmobiliaria.

Southern Cross se expandió rápidamente, pidiendo a los bancos créditos importantes para comprar nuevas residencias a fin de revenderlas luego con beneficios, y todo eso funcionó mientras duró el "boom" financiero.

Cuando en 2006, Blackstone sacó a bolsa Southern Cross, la compañía fue valorada en 425 millones de libras, es decir que en dos años se había revalorizado en más de un 150 por ciento.

Vendió asimismo NHP al fondo de inversiones Three Delta, propiedad de inversores qataríes.

Cuando un año después Blackstone se deshizo completamente de Southern Cross, el valor de la empresa se había duplicado otra vez hasta 770 millones de libras (885.5 millones de euros), es decir que, según se calcula, en sólo tres años, los inversores estadounidenses cuadruplicaron el valor de sus inversiones.

Tras el estallido de la crisis financiera, Southern Cross se vio, sin embargo, profundamente endeudada y con una factura anual por el alquiler de sus residencias, que ya no son de su propiedad, del orden de 250 millones de libras (287 millones de euros).

Y una compañía que llegó a valer cerca de 1.000 millones en su mejor momento tiene esta semana un valor estimado de sólo 12,2 millones de libras (13,8 millones de euros).

Sus mayores accionistas actuales son bancos de inversión y otras instituciones financieras: Credit Suisse, JO Hambro, Deutsche Bank, UBS, así como el fondo de inversiones Wintrust, registrado en una de las islas del canal de la Mancha.