Decenas de miles de alemanes exigieron hoy en una veintena de manifestaciones un "apagón nuclear" inmediato, mientras el Ejecutivo de Angela Merkel ultima a marchas forzadas un plan para desconectar las 17 centrales atómicas del país.

Alrededor de 30.000 personas marcharon por el centro de Berlín, desde Alexanderplatz y hasta el Bundestag, sede del Parlamento federal, pasando por la icónica Puerta de Brandeburgo, convocados por decenas de organizaciones ecologistas, sindicatos y partidos políticos.

En el resto de grandes ciudades del país, como Múnich (sur), Hamburgo (norte), Fráncfort (oeste) y Dresde (este), miles de personas secundaron la manifestación, que según los organizadores movilizó a unas 250.000 personas.

Además varios miles de manifestantes se concentraron frente a las principales centrales nucleares del país, como la de Essen, en el oeste, en donde protestaron unas 3.000 personas, según cálculos policiales.

Estas protestas tuvieron lugar mientras en Berlín se celebraba la reunión final de la comisión ética, el grupo de trabajo designado por Merkel para preparar un informe sobre cómo abandonar la energía atómica sin poner en peligro el suministro ni provocar costes excesivos al Ejecutivo, los consorcios energéticos y los consumidores.

Según el borrador final del informe que prepara este equipo, y que ha sido filtrado por varios medios locales, el "apagón nuclear", acompañado del fomento paralelo de las energías renovables, podría "ser completado en menos de una década".

Esta comisión, convocada por la canciller tras la catástrofe de Fukushima, presentará oficialmente sus conclusiones este domingo a Merkel, para que el Ejecutivo pueda tomar una decisión final con respecto al "apagón nuclear".

Está previsto que la coalición gobernante de centro-derecha se reúna este mismo domingo en la Cancillería para discutir este proceso basándose en este informe y el que emitió recientemente la comisión técnica de seguridad atómica, que supervisó la seguridad en las 17 centrales nucleares del país.

Este segundo estudio, hecho público recientemente, apuntó que era bajo el nivel de seguridad de las siete instalaciones más antiguas del país -las construidas antes de 1980-, mientras que el de las otras diez era medio y ninguna obtenía un grado de seguridad alto.

A este respecto, el ministro de Medio Ambiente, el cristianodemócrata Norbert Röttgen, se mostró ayer a favor de que las siete centrales más antiguas no vuelvan a entrar en funcionamiento tras la moratoria temporal, algo en lo que están de acuerdo los estados federados implicados.

El ministro de Economía y vicecanciller, el liberal Philipp Rösler, indicó que sería conveniente que entre una y dos de estas instalaciones se mantuvieran preparadas para volver a funcionar en caso de emergencia.

Además, el rotativo alemán "Süddeutsche Zeitung" publicó hoy que el cambio del modelo energético en Alemania costará unos 40.000 millones de euros, según un informe presupuestario del grupo parlamentario de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel.

Tras la catástrofe de Fukushima y con una gran presión de la opinión pública, el Gobierno federal decidió modificar radicalmente su política energética y poner fin a la dependencia alemana de la energía nuclear, en la actualidad por encima del 20 por ciento.

Merkel creo entonces las dos citadas comisiones, suspendió durante tres meses las operaciones en las siete centrales más antiguas del país, y dio marcha atrás al plan energético que ella misma había aprobado a finales del año pasado con cierta polémica para prolongar la vida de las centrales atómicas una media de doce años.

Hasta entonces se encontraba en vigor una ley aprobada en 2001 por el gobierno de socialdemócratas y ecologistas, encabezado por el canciller Gerhard Schroeder, por la que la última central nuclear del país dejaría de estar operativa en 2020.

Juan Palop