Hugo Chávez parece tener todo lo que un presidente puede desear: puede legislar mediante decretos ejecutivos y cuenta con altos ingresos por la exportación de petróleo y con aliados que controlan casi todas las instituciones públicas grandes.

Por eso la oposición se muestra perpleja ante una campaña oficialista con miras a las elecciones presidenciales del año que viene en la que se la acusa de bloquear los programas del gobierno.

"¡Déjenlo trabajar!", dice el oficialismo en carteles y avisos televisivos que son parte de la campaña de reelección de Chávez.

Es la expresión de moda entre los chavistas, acuñada por el propio presidente venezolano en enero al quejarse de los legisladores de oposición.

"Si ustedes no quieren trabajar, déjenme trabajar (a mí). Yo estoy trabajando por el pueblo, por los más necesitados", sostuvo Chávez en un discurso en enero para aludir a legisladores que se oponían a un decreto que le dio poderes especiales, el cual fue aprobado por la mayoría chavista.

Luego de ese discurso, la televisión estatal transmitió avisos que mostraban a un individuo con bigote que se quejaba de la oposición.

"El trabajo de la derecha es bloquear al presidente para que no puede trabajar", decía el bigotudo en un restaurante. Su compañero acotaba: "El que no lo deja trabajar es un apátrida".

Los líderes opositores dicen que el mandatario está tratando de convencer al electorado de que la oposición interfiere con sus esfuerzos, a pesar de que en los 12 años que lleva en el gobierno ha gozado de un poder casi ilimitado y de enormes ganancias generadas por la industria petrolera.

El gobernador del estado de Miranda Henrique Capriles, que asoma como uno de los principales rivales de Chávez, ha recibido una lluvia de críticas de los aliados del presidente, que dicen que entorpece la labor del gobierno.

El vicepresidente Elías Jaua dijo hace poco que Capriles no repara las carreteras rurales que resultaron dañadas por lluvias torrenciales. Y la legisladora oficialista Cilia Flores lo acusó de permitir que la policía estatal cometiese violaciones a los derechos humanos, incluidos arrestos arbitrarios y el uso excesivo de la fuerza.

"Entrena a funcionarios policiales para que arremetan contra la población", declaró.

Capriles, uno de los blancos preferidos de los chavistas, afirma que es una acusación absurda.

"Esto es un chiste", expresó mientras golpeaba puertas durante una presentación en el barrio pobre de Ocumare de Tuy, al sur de Caracas. "Lo usan como una excusa ante su profunda incapacidad".

Agrega que el oficialismo lanzó una campaña de desprestigio ahora que se postuló a la presidencia y que espera que esa campaña se intensifique.

Él y otros líderes de la oposición han estado criticando los logros de Chávez en la lucha contra el crimen, la reconstrucción de una infraestructura que se cae a pedazos y la creciente inflación.

Los partidarios de Chávez, por su parte, dicen que la campaña publicitaria es limpia y refleja la realidad, pues la oposición constantemente trata de restarle valor a lo que hace el presidente e ignora sus logros.

Las encuestas indican que Chávez sigue siendo el político más popular de Venezuela, pero sus índices de aprobación cayeron del 70% del 2006 a alrededor de 50% en tiempos recientes. El voto popular estuvo dividido por partes casi iguales en las elecciones legislativas del año pasado, entre chavistas y opositores.

Con una inflación de alrededor del 23%, el oficialismo acusa a elementos "capitalistas" de almacenar mercancías para especular con los precios o plantea que la inflación responde a políticas de los predecesores de Chávez.

Luego de un apagón que afectó a buena parte del país no hace mucho, Chávez dijo que las autoridades investigaban si se había tratado de un acto de sabotaje.

"Siempre andan por allí tratando de hacernos daño porque ven como el gobierno avanza, ven las encuestas", sostuvo.

Capriles afirma que esas acusaciones no tienen sustento.

Y se queja, lo mismo que otros políticos de oposición, de que el gobierno y sus aliados en la Asamblea Nacional tratan de quitarle fondos y atribuciones.

En el 2008, legisladores chavistas aprobaron una medida que prohibía a estados y municipalidades cobrar impuestos a los aeropuertos y peajes en las carreteras, reduciendo así la cantidad de fondos que los políticos locales podían usar para sus programas.

Capriles expresó asimismo que el gobierno confiscó hospitales públicos, clínicas de barrio y varios edificios de la policía en su estado, que incluye partes de Caracas, la capital. Dijo que el gobierno nacional se apropió además de una planta de asfalto usada en el mantenimiento de las carreteras del estado.

El gobernador afirma que su gestión está demostrando que hay otras formas de gobernar y de resolver problemas graves como la escasez de viviendas a precios accesibles, algo que Chávez considera una de sus prioridades.

Chávez "habla nada más", expresó, añadiendo que Venezuela necesita que se hable menos y se ofrezcan más soluciones prácticas.