Dominique Strauss-Kahn dejará a su sucesor en el FMI un organismo enormemente poderoso, muy distinto al que recibió en 2007 cuando el Fondo vivía una profunda crisis de identidad y algunos cuestionaban incluso su viabilidad.

En septiembre de ese año, cuando Strauss-Kahn recibió el relevo del español Rodrigo Rato, el Fondo Monetario Internacional (FMI) registraba un déficit y hablaba de recortes de salarios y personal para lidiar con la única crisis que debía afrontar entonces: la suya propia.

El propio Strauss-Kahn, que se vio obligado a dimitir la semana pasada debido a que fue acusado de abusos sexuales e intento de violación de una camarera en Nueva York, reflejaba esa situación en una entrevista poco antes de su elección como director gerente.

"Lo que puede estar en peligro ahora es la propia existencia del FMI como la institución encargada de ofrecer ayuda financiera al mundo", decía entonces el exministro de Finanzas galo.

El año pasado, por el contrario, el FMI concedió préstamos récord de 91.700 millones de dólares.

A eso se suma su protagonismo en el diseño del primer paquete de rescate a Europa Occidental en décadas.

Bajo la batuta de Strauss-Kahn, el Fondo ha aportado 30.000 de los 110.000 millones de euros del paquete griego, 22.500 de los 85.000 millones de euros en el caso de Irlanda y 26.000 de los 78.000 millones en el de Portugal.

Las reformas emprendidas para dar más voz y voto en el organismo a los países emergentes, que han permitido que China se convierta en el tercer país más poderoso de la institución, han contribuido también a otorgarle una legitimidad muy cuestionada por el mundo en desarrollo.

La nueva realidad lleva a expertos como Colin Bradford, asesor en temas de desarrollo durante la Presidencia de Bill Clinton y analista ahora en el centro Brookings Institution, a asegurar que el FMI es la organización internacional más importante del mundo.

"Sin lugar a dudas lo es, más que la Organización Mundial de Comercio, que la ONU y que el Banco Mundial", dijo a Efe.

La favorita a ponerse al frente de ese nuevo FMI es la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, que de ser elegida se convertiría en la primera mujer en dirigir la institución.

Lagarde cuenta con el apoyo de los tres pesos pesados de la Unión Europea: Francia, Reino Unido y Alemania y es vista con buenos ojos por la principal potencia emergente, China, según dijo hoy el portavoz del Gobierno francés, François Baroin.

Desde el mundo emergente, candidatos como el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, aspiran también a comandar el organismo y poner fin, de paso, a una norma no escrita que ha permitido a un europeo capitanear el FMI desde su creación en 1945.

Estados Unidos, el principal accionista del FMI, con un 17 por ciento del poder de voto, no ha dado el respaldo a ningún candidato por ahora y se ha limitado a decir que mantiene amplias consultas con Europa y el mundo en desarrollo.

El nombre del elegido se conocerá a finales de junio, cuando el Fondo completará el proceso de selección, que comenzó ayer con el inicio del plazo para aceptar candidaturas, que se cerrará el 10 de junio.

Curiosamente, según señalan hoy los medios franceses, ese es el día en el que probablemente se sabrá si la Corte de Justicia de la República (CJR) francesa decide aceptar la apertura de una investigación contra Lagarde por supuesto abuso de poder.

A petición de los diputados socialistas, la Fiscalía lanzó este mes el procedimiento para acusar a la ministra de abuso de autoridad en la indemnización de 240.000 millones de euros pagada al empresario Bernard Tapie por la venta de Adidas en 1993.

El portavoz gubernamental Baroin aseguró hoy "no estar inquieto" ante la posibilidad de que se abra un procedimiento judicial a Lagarde.

Se espera que el tema de la sucesión en el FMI centre muchas de las conversaciones de pasillo de la cumbre del G8 que tendrá lugar esta semana en el balneario francés de Deauville.