En una humilde casa de dos pisos en Staten Island, un condado de la ciudad de Nueva York, Cornelia Aguilar cocina tortillas mientras sus hijos corretean por el salón. Su marido Leonardo González llega al hogar tras haber pasado horas fabricando granito.

"Abaa yllaun" (¿cómo estás?), le pregunta Aguilar.

El matrimonio habla mixteco, una lengua indígena de los estados mexicanos de Oaxaca, Puebla y Guerrero que se escucha cada vez más en Estados Unidos, incluso en grandes urbes como Nueva York. González calcula que al menos 300 mexicanos que hablan mixteco viven en barrios cercanos de Staten Island y que la mayoría provienen del pueblo de San Marcos, en Oaxaca.

Aguilar, nacida en San Miguel Grande, un pueblo del estado de Guerrero, lleva tan sólo dos años en Estados Unidos y habla muy poco español.

"Ella entiende, pero no contesta", explicó González refiriéndose a su esposa. Cuando Aguilar necesita ir al médico o cuando la llaman por teléfono sus compañeras de un establecimiento de manicura, que hablan español, su esposo hace de intérprete.

"Es difícil, a veces", murmura la joven de 28 años y madre de cinco hijos.

El hogar de los González es un pequeño ejemplo de una creciente comunidad de latinoamericanos que llegan a Estados Unidos y que hablan principalmente lenguas indígenas, enfrentando así más obstáculos que sus compatriotas hispanohablantes.

Su llegada causa desconcierto en los tribunales cuando deben resolver algún problema legal y ha forzado a organizaciones educativas a aumentar el numero de clases de español para latinoamericanos.

El fenómeno es bastante visible en Nueva York y sus alrededores.

En Staten Island, por ejemplo, los mexicanos también hablan chinanteco. En el sur del Bronx y Astoria, en el condado de Queens, hay otomíes. El náhuatl está esparcido por toda la ciudad. La comunidad triqui, que sobre todo proviene de Oaxaca, está en Albany, la capital del estado.

Inmigrantes guatemaltecos que hablan quiché se encuentran en Trenton, en la vecina Nueva Jersey. Abundan los peruanos que hablan quechua en el condado neoyorquino de Queens y en Paterson, Nueva Jersey. Los hondureños que hablan garífuna están en El Bronx.

Las cifras de inmigrantes latinoamericanos que hablan lenguas indígenas son difíciles de conseguir. Muchos de ellos son indocumentados y no participan en el censo de Estados Unidos.

Una media de 13.513 personas en Estados Unidos hablaban lenguas indígenas de Sud y Centroamérica y México entre los años 2005 y 2009, según datos del censo de Estados Unidos. El censo no clasifica las lenguas por separado.

Activistas, académicos y funcionarios en consulados latinoamericanos, no obstante, creen que los números son mucho más altos. En California tan sólo, viven unos 150.000 miembros de la comunidad mixteca, según un estudio realizado por Radio Bilingüe, que emite un programa llamado La Hora Mixteca.

El consulado mexicano de Nueva York calcula que medio millón de personas procedentes del país viven en la zona metropolitana. De éstas, un 7% (unas 35.000) habla una lengua indígena, de acuerdo con Eduardo Peñaloza, coordinador de asuntos educativos del consulado.

La cifra concuerda con la información que maneja Leslie Martino Vélez, estudiante de un doctorado de sociología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés) y quien se dedica a investigar la comunidad mixteca. Martino asegura que entre 25.000 y 30.000 mixtecos viven en la ciudad.

La organización Garífuna Coalition USA asegura que unos 200.000 garífunas, procedentes de Honduras, Nicaragua, Guatemala e islas caribeñas, viven en Nueva York.

Ni las embajadas ni las misiones de los países latinoamericanos en Naciones Unidas ofrecieron cifras de inmigrantes que hablan otras lenguas indígenas.

Apolinar Flores Salgado, un mexicano que fue asaltado el año pasado en Manhattan, asegura que no entendía a su abogado, quien le habló en español durante el proceso judicial que acabó con el procesamiento de su asaltante."Yo hablo mixteco en la cocina del restaurante donde trabajo", dijo Flores, nacido en Coicoyan de las Flores, Oaxaca. "Todos lo hablamos. Me defiendo en español, pero tengo dificultades".

Esas dificultades implican no entender letreros informativos en español en hospitales o medios de transporte ni algunas palabras en artículos del Diario de México, dijo el inmigrante de 44, años que acude a clases de inglés y trabaja en el restaurante Saigon Grill, de propietarios asiáticos.

La vida no es fácil para ellos.

"Son los más marginados", dijo Joel Magallán, director de la organización de ayuda Asociación Tepeyac. "Son los que tienen más problemas con los empleadores. Son jornaleros y sus jefes se aprovechan de ellos porque son como mudos. Desafortunadamente son los que más sufren".

Mientras en sus países de origen muchos de estos indígenas se dedicaban a actividades del campo o domésticas, en Nueva York acaban en puestos de construcción y en las cocinas de restaurantes, cortando vegetales y limpiando patatas.

Arnulfo González, hermano de Leonardo, indicó que sufrió a su llegada a Estados Unidos, en 1993, porque hablaba muy poco español y no sabía los nombres de vegetales como el brócoli o el tomate, que no se encuentran en su pueblo natal de San Marcos. Su hermano Ramiro tampoco podía nombrar ciertas herramientas de trabajo.

"Aprendí español aquí. Fue muy duro porque trabajaba con gente que me hablaba español y me insultaban. Y era gente de México", dijo Arnulfo, quien trabajaba en un restaurante. Hoy es padre de tres hijos y trabaja en el sector de la construcción.

Los González decidieron venir debido a la extrema pobreza que vivían en San Marcos.

"No sentimos temor. Sentimos que contamos con la ayuda de Dios. Tenemos que salir del país, tenemos que luchar por nuestros hijos", dijo Leonardo.

El ser indocumentado complica aún más la situación. Ramiro González, por ejemplo, ni siquiera cuenta con documentos mexicanos para poder ser identificado en el consulado. Al ser ilegales, los hermanos González no pueden conducir y toman el autobús continuamente. Aseguran que se han acostumbrado a vivir en la sombra, intentando evitar cualquier problema con la justicia.

El cónsul de México en Nueva York, Carlos Sada, dijo que el consulado tiene traductores de lenguas indígenas y que recientemente ha contactado a los gobernadores de Oaxaca, Guerrero y Puebla para éstos faciliten servicios de traducción.

La situación más difícil es la que viven los indígenas tras las rejas, indicó Sada.

"Tenemos cuadros muy dramáticos, inclusive en cárceles y penitenciarias, donde nos es imposible la comunicación", explicó. "Por desconocimiento de las leyes se meten en problemas y terminan en las cárceles y, si no tienen documentos y no hablan el idioma, es doblemente crítica su situación".

En el consulado, Peñaloza reiteró que los problemas de los indígenas son "mucho más acentuados" que los del resto de inmigrantes, pero vienen a Estados Unidos porque cuentan con una red de conocidos y familiares que les apoya. Hace años, los patriarcas de la familia empezaron a llegar y se establecieron. Ahora toca al resto de generaciones, incluidas las esposas, que tienden a hablar sólo lenguas indígenas.

"Hemos notado que las mujeres hablan más estas lenguas porque no fueron a la escuela", indicó.

Laura Secundino, de 24 años, creció hablando tlapaneco en su casa, en el estado mexicano de Guerrero. Dijo que aprendió español en Nueva York, tras llegar hace seis años y trabajar como empleada de un restaurante que vende comida a domicilio.

El Consulado de México la ha llamado tres veces para que ayude a inmigrantes que hablan poco español en casos civiles en las cortes, explicó. Una vez tuvo que ayudar a un mexicano que luchaba por la custodia de sus hijos. Cuando acude a las citas médicas en el Metropolitan Hospital Center de Manhattan oye a madres hablar náhuatl.

"La doctora no las entiende", dijo Secundino, quien fue madre hace poco. "Yo entiendo algo de náhuatl y ayudo en lo que puedo".

La cantidad de personas que hablan lenguas indígenas, en todo caso, es lo suficientemente grande como para que la municipalidad de Nueva York ofrezca servicios telefónicos de información — el 311 — en mixteco alto y bajo, quiché y quechua, según Nick Sbordone, portavoz municipal. Señaló que se reciben pocas llamadas en buena medida porque muchos inmigrantes desconocen la existencia del servicio.

Laura Avila, una intérprete de español en la Corte Suprema de Queens, es testigo de más casos de latinoamericanos que hablan lenguas indígenas que antes. El problema es que estos inmigrantes muchas veces no entienden los cargos que se les imputan.

"Lamentablemente, como hablan poco español, pasan desapercibidos", indicó. "En las cortes ven que el apellido es latino y se asume que hablan español. Además éstas suelen ser personas tímidas y no dicen que no entienden. Le cae más responsabilidad al intérprete para averiguar si el acusado está entendiendo".

Las clases de español para personas procedentes de países de habla hispana han aumentado en los últimos años. La Unidad de Voluntarios para la Educación de Adultos (UVEA), que recibe ayuda de la Secretaría de Educación de México, tiene dos centros en Manhattan, uno en Brooklyn y otro en Staten Island, donde se enseña a hablar y escribir español. Juan Castillo, director de UVEA, está intentando abrir dos más en Queens.

"La necesidad es enorme", dijo Castillo. "Muchos de los que vienen no dicen que hablan algún dialecto. Sólo te dicen que hablan poco español".

La proliferación de idiomas indígenas se nota ya en el sector académico. El Instituto de Estudios Latinoamericanos de Columbia University ofreció clases de náhuatl el año pasado y la Universidad de Nueva York ofrece clases de quechua.

Odi Gonzales es el profesor del curso y asegura que los peruanos que hablan quechua en Nueva York hablan también español. De hecho, muchos ni siquiera dicen que hablan la lengua indígena, la cual no es valorada por algunos sectores en Latinoamérica, que la consideran propia de gente con poca cultura.

El quechua es lenguaje corriente en las dos nuevas escuelas Pan American International que han abierto en Queens y el Bronx, dijo la doctora Ofelia García, profesora de Educación Urbana y Lenguas hispanas y Luso-brasileñas para el Graduate Center de CUNY.

"Los niños a veces entran en kindergarden hablando poco español", dijo. "Hay comunidades enteras de indígenas que han venido a Nueva York y eso se nota".

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Claudia Torrens está en Twitter en @ClaudiaTorrens