Cargando con cajas llenas de vajilla y ropa, Kylee O'Brien ordena su tenderete en un mercado y muestra sus mercancías: reflejan una vida en Irlanda que ha llegado a un final abrupto debido a la crisis económica del país.

La mujer de 34 años está vendiendo casi todo lo que su familia posee — desde un teléfono antiguo a una bicicleta de niño — y se irá a vivir al extranjero, como miles de personas que huyen de un país salpicado por la deuda.

La nación registra en la actualidad niveles de emigración no vistos desde la crisis financiera de los años 80.

La población joven en Irlanda ha viajado alrededor del mundo, mudándose a Estados Unidos, Gran Bretaña y otras partes, al huir de la hambruna de mediados de los años 80, una economía estancada después de la Segunda Guerra Mundial y los oscuros años que precedieron la bonanza económica de mediados de los años 90.

A medida que el país mejoraba, se dio el fenómeno opuesto de Irlanda atrajo a inmigrantes de todo el mundo e importantes empresas tecnológicas como Dell o Google. Ahora, los problemas del país han vuelto a hacer creer que las oportunidades están en otras partes y han forzado a muchos de los 4,5 millones de irlandeses a plantearse un futuro en el extranjero.

"Háganme una oferta, he de venderlo todo", gritaba O'Brien una fría mañana de domingo en el mercadillo mensual de Dublín. "No nos llevaremos nada de esto cuando nos vayamos".

Su negocio de venta de ropa infantil fue de mal en peor a medida que la economía se contraía y O'Brien decidió que era el momento de trasladar a su familia a su Australia natal.

"No puedo seguir levantándome cada mañana para que me digan que vivo en un país pobre, que tendré dificultades para sobrevivir y que nunca ganaré dinero. Estoy harta de oír a la gente decir que estamos condenados", dijo O'Brien, madre de dos hijos, que se trasladará a Sidney con ellos y su novio irlandés, tras vivir 13 años en Irlanda.

Al igual que O'Brien, muchos se preguntan si vale la pena permanecer en un país que sufrirá años de duras medidas económicas.

Anthony Burns, un joven de 27 años de Dublín, se graduó de diseño industrial a fines del 2010 pero no logra encontrar trabajo y se plantea irse.

"Creo que todo el mundo lo piensa pero nadie quiere decirlo en voz alta porque tienen miedo de poner nerviosa a la gente", dijo. "Sugerirlo de forma abierta sería considerado casi como una señal de debilidad, o como un insulto a las personas que se han quedado atrás".

Las cifras de los últimos 12 meses hasta abril del 2010 muestran que unas 65.300 personas abandonaron Irlanda durante el último año, y que aproximadamente la mitad de ellas eran irlandesas, lo que representa el nivel más alto desde 1989.

Al mismo tiempo, la entrada de extranjeros a Irlanda se ha reducido drásticamente, lo que representa un cambio respecto a la tendencia de los últimos años, en que el país era considerado tierra de oportunidades para nuevos miembros de la Unión Europea, como Polonia, y de naciones en Asia y Africa.

Los inmigrantes pasaron de ser 57.300 entre abril del 2008 y abril del 2009, a 30.800 en los siguientes 12 meses.

Los expertos aseguran que, a diferencia de periodos de emigración masiva en los años 50 y 60, los que ahora abandonan Irlanda son algo más mayores, mejor calificados y más orientados a puestos de trabajo tecnológicos, la abogacía y el sector financiero.

Mary Corcoran, profesora de sociología de la Universidad Nacional de Irlanda, dijo que los nuevos emigrantes tienen menos probabilidades que generaciones previas de regresar a casa.

"Es mucho más fácil para la gente ahora mantener esa conexión sicológica con el hogar y con su comunidad. Ahora se usa Skype y Facebook de una manera que no era posible en el pasado", dijo Corcoran.