La recuperación de la economía mundial y las amenazas que la acechan, como el impacto del tsunami de Japón, la inestabilidad inducida por las revueltas del mundo árabe o la escalada del precio del petróleo constituyen el punto de entrada de la cumbre del G8 de Deauville los próximos jueves y viernes.

El almuerzo de trabajo con el que se iniciará la cumbre en esa ciudad balneario de la costa de Normandía, al noroeste de Francia, comenzará con la intervención del primer ministro japonés, Naoto Kan, que dará cuenta de la situación en su país, tras el seísmo de marzo y la consiguiente catástrofe de la central nuclear de Fukushima.

La economía global se está recuperando, pero en el mundo desarrollado del que forma parte esencialmente el G8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia) la situación es relativamente más frágil.

Sobre todo en Japón, donde el Producto Interior Bruto (PIB) retrocedió un 3,7 % en ritmo anual en el primer trimestre de 2011, tras haberlo hecho un 1,1 % entre octubre y diciembre.

El encarecimiento del barril de crudo en los últimos meses también genera mucha preocupación, y así la Agencia Internacional de la Energía no sólo lleva dos meses seguidos advirtiendo de que hay indicios de que los elevados precios están afectando al crecimiento económico, sino que el pasado día 19 urgió a los países productores a que saquen más petróleo al mercado.

También siguen generando inquietud los abultados niveles de deuda en los países ricos, y el hecho de que no logre cerrarse la crisis particular de la zona euro con los planes de salvamento para Grecia, Irlanda y Portugal, con la presión de los que en el mercado siguen apostando a que podría haber un contagio a España.

Las revoluciones populares del mundo árabe, aunque generan una inmensa esperanza, han desencadenado también una inestabilidad con impacto en la economía mundial.

Todos esos elementos, con la incertidumbre que conllevan, habrán quedado integrados en el informe que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) habrá hecho público el miércoles, víspera de la cumbre, con su revisión de las previsiones económicas para el mundo desarrollado y para las grandes potencias emergentes.

Los líderes del G8, que deben examinar el estado de la negociación en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para hacer avanzar la inacabada Ronda de Doha, tienen programadas para el jueves por la tarde dos sesiones de trabajo en las que discutirán de la energía nuclear tras la catástrofe de Fukushima, del cambio climático y de internet.

La cena de esa primera jornada se consagrará a las revoluciones árabes, con un recorrido por situaciones muy diferentes, en particular Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen.

Se aprovechará la ocasión para tocar otros asuntos vinculados a esa parte del mundo como los desafíos que plantea el régimen iraní, las consecuencias de la muerte de Osama Bin Laden -sobre todo para Afganistán y Pakistán- e incluso el atentado de Marraquech en abril.

La presidencia francesa pretende poner en marcha la idea de utilizar el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), volcado desde la caída del muro de Berlín en 1989 al servicio de la transición de los países del antiguo bloque soviético, para que haga lo mismo en ayuda de la orilla sur del Mediterráneo.

En ese contexto de establecer una asociación con los países árabes que están dando el salto a la democracia, el viernes los jefes de Estado y de Gobierno del G8, junto a los responsables de la ONU y de los organismos financieros internacionales, recibirán a los primeros ministros de Egipto y Túnez, y juntos tienen previsto emitir una declaración para sellar su compromiso.

Por último, habrá otro encuentro -este ya habitual en las cumbres del G8- con los jefes de Estado de la Nueva Alianza para el desarrollo de África (NEPAD, Argelia, Egipto, Etiopía, Nigeria, Senegal y Sudáfrica) a los que Francia ha querido que se sumen los de tres "democracias ejemplares" del continente: Guinea Conakry, Níger y Costa de Marfil.