Los activistas por los derechos civiles conocidos como Freedom Riders, que fueron atacados en la capital de Alabama el 20 de mayo de 1961, regresaron 50 años después entre honores para ser reconocidos como héroes.

Ahora tendrán un museo dedicado a ellos en la vieja estación de autobuses donde fueron atacados por una turba de personas de raza blanca.

El representante federal John Lewis, dijo que lloró el viernes cuando caminó por la vieja estación de la línea Greyhound donde fue golpeado y dejado inconsciente.

"Esto habla del avance que hemos tenido y del progreso que hemos logrado en este estado y en esta nación", dijo Lewis, quien participó en las protestas en autobuses de los activistas.

El cambio era evidente en el ex gobernador de Alabama John Patterson. En 1961, llamó a los Freedom Riders tontos y agitadores cuando trataron de terminar con la segregación en las estaciones de autobús del sur del país. Pero el ex gobernador, de 89 años, les dio la bienvenida el viernes y los reconoció por haber generado cambios necesarios.

"Se necesitó mucho valor para hacer lo que hicieron", dijo Patterson tras reunirse con 10 Freedom Riders por primera vez.

Los Freedom Riders eran en su mayoría estudiantes universitarios, negros y blancos, que partieron en autobuses de la línea Greyhound y Trailways por todo el sur de Estados Unidos para probar la aplicación de un fallo de la Corte Suprema que prohibía la segregación en el transporte interestatal. El fallo significaba también que no habría salas de esperas separadas para negros y blancos o bebederos designados para las diferentes razas.

Después de que un autobús sufrió un ataque con explosivos cerca de Anniston y que el Ku Klux Klan amenazó y golpeó a los Freedom Riders en Birmingham, el secretario de Justicia Robert Kennedy respaldó la promesa de Patterson que habría policías estatales para protegerlos de Birmingham a Montgomery. La policía de la ciudad los debería proteger una vez que llegaran a ella.

Patterson cumplió su palabra y los policías estatales y un helicóptero acompañó al autobús. Lewis dijo que iban tan bien protegidos que algunos se durmieron.

Pero cuando llegaron a la estación de autobuses de Montgomery la policía no estaba ahí y en cambio los esperaba una multitud enfurecida alentada por integrantes del KKK que los golpearon, al igual que a los periodistas y al funcionario del Departamento de Justicia, John Seigenthaler, que acudió a ayudarlos.

El maltrato que sufrieron llevó a una demanda contra el KKK y a nuevas reglas federales que garantizaban el fin de la segregación en todos sus aspectos en el transporte entre los estados.

La estación de autobuses estuvo a punto de ser demolida en 1993 para ampliar una corte. El juez federal de distrito Myron Thompson y Patterson lucharon para que no se destruyera por su valor histórico. Después de estar vacía por muchos años la Comisión Histórica de Alabama construyó el museo de 278 metros (3.000 pies) cuadrados con piezas de arte, fotografías y descripciones de lo que ocurrió ahí y el impacto que tuvo.

"Quizá el museo es pequeño, pero su importancia es monumental", dijo Thompson.