El control de capitales debería ser un recurso extremo para un país, tener carácter temporal y limitado, y bajo control multilateral para evitar distorsiones, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Esta es una de las principales conclusiones de un informe publicado hoy sobre los flujos de capitales en la que la OCDE insiste en que para minimizar los riesgos de desestabilización ante su creciente importancia las principales recetas son reformas estructurales complementadas con una política macroeconómica apropiada.

Como las reformas estructurales tardan tiempo en generar efectos, a corto plazo las soluciones pasan por una apreciación del tipo de cambio y un endurecimiento de la política fiscal, que pueden ayudar a moderar la demanda y las presiones inflacionistas generadas por los flujos.

La organización alertó de que la acumulación de reservas para estabilizar el tipo de cambio es normalmente muy costoso, no siempre eficiente y debería prohibirse a menos que esas reservas sean insuficientes para garantizarse que la divisa propia no esté sobre-evaluada a un nivel que constituya un riesgo para el sector exportador.

"Alguna forma de control de capitales puede cumplir un papel si se diseña de forma que minimice las distorsiones a largo plazo (...) pero preferiblemente debería estar sujeto a supervisión multilateral como el marco creado por la OCDE", destacaron los autores del informe.

La OCDE constató que algunos países emergentes están afrontando la llegada de fuertes flujos de capitales: en el caso de Argentina, Brasil, Colombia, Indonesia, México y Sudáfrica representan en torno al 5% de su Producto Interior Bruto (PI) y en el de Turquía y Chile cerca del 8-9% del PIB.

El peso de los mercados emergentes en los flujos mundiales de capitales pasó del 7% en 2000 al 17% en 2007, pero a partir de ese año con el hundimiento de los movimientos transfronterizos hacia los países ricos esas cifras se han disparado y han pasado a suponer la práctica totalidad en términos porcentuales.

Por lo que respecta a las reservas en divisas, se incrementaron de alrededor del 6% del PIB en 1999 a casi el 15% en 2009, esencialmente por los grandes exportadores de Asia y los productores de petróleo.

Sólo China contaba a finales del pasado año con casi tres billones de dólares, equivalentes a la mitad de su PIB, lo que suponía casi un tercio de las reservas de divisas mundiales.