Una tiara de esmeraldas colombianas y diamantes, que perteneció a la princesa Katharina Henckel von Donnersmarck, se convirtió hoy en la más cara jamás vendida en una subasta y por la que un comprador anónimo de Norteamérica pagó 12,7 millones de dólares.

Un diamante rosado intenso y de 10,99 quilates se subastó en 10,8 millones de dólares, la tercera suma más importante pagada en la historia por una piedra preciosa de su tipo.

El director del departamento de Joyería para Europa y Oriente Medio de Sotheby's, David Bennett, se mostró entusiasmado al final de la puja por los precios alcanzados por las joyas de origen aristocrático, los diamantes, las piedras preciosas de color y las piezas firmadas por los joyeros más prestigiosos del mundo en la subasta que su firma celebró esta noche.

En total, Sotheby's vendió por un total de 89 millones de dólares, lo que supone la tercera cifra más importante en la historia de la casa de subastas, tras los 103 millones de dólares que logró en su venta del pasado noviembre y los 102 millones de dólares de una venta en 1993.

Seis personas compitieron por hacerse con la magnífica tiara de once esmeraldas que totalizan aproximadamente 500 quilates -cuyo precio se había estimado entre 5 y 10 millones de dólares- y que podría ser la más importante que existe fuera de las casas reales y colecciones estatales y de museos.

Por el diamante rosado hubo cinco ofertas, entre las cuales vendió la de la casa de diamantes Leviev.

Entre las joyas subastadas figuraron siete de la colección privada de Alice Griffith, la condesa de Romanones (Nueva York, 1923), de las que fue un juego de collar y pendientes de esmeraldas y diamantes de los años sesenta el que se vendió a mayor precio al alcanzar los 339.000 dólares (precio al martillo, fuera de comisión).

Los expertos lo habían tasado entre 103.000 y 147.000 dólares.

Un collar de rubíes y diamantes -convertible en broche- de los años setenta encontró comprador por 158.000 dólares, frente a una estimación de entre 81.500 y 147.000 dólares.

También de la condesa de Romanones se vendió una sortija de rubíes y diamantes por 135.000 dólares, un par de pendientes de rubíes y diamantes de los años cincuenta por 15.800 dólares, un bolsito de noche en oro y diamantes por 13.000 dólares y un brazalete de diamantes por 70.000 dólares.

La última pieza, un reloj de diamantes de estilo "cadenas", llamó la atención por tratarse de una joya que había pertenecido a la duquesa de Windsor -quien la recibió del Duque de Windsor en el tercer aniversario de su primer encuentro- y que ésta regaló a Alice Griffith, quien fue agente secreto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos en España en los años cuarenta.

El reloj, que en el revés lleva grabada una dedicatoria del Duque de Windsor -cuando todavía era Eduardo VIII- para la Duquesa, fue vendido por 339.000 dólares a un comprador que seguía la subasta por teléfono.

Por su parte, fueron los diamantes y piedras preciosas de color las piezas más peleadas y por las que se ofrecieron las cantidades más elevadas con respecto a su precio de partida.

Una sortija con un espectacular rubí birmano de 30 quilates y dos diamantes a los lados -de 2 quilates cada uno- fue peleada hasta que se vendió por 4,26 millones de dólares, lo que la hizo la tercera joya más cara de la subasta.

Su estimación estaba entre 1,8 y 3,6 millones de dólares.

Le siguió una sortija con un diamante de 16,5 quilates, que estaba estimada entre 1,3 y 2,3 millones de dólares, la que fue vendida por 2,54 millones de dólares.

La quinta joya más cara fue otro diamante rosado engastado en una sortija, aunque esta vez su color era ligero.

Esta pieza entusiasmo a los compradores y se llegó a ofrecer 1,98 millones de dólares por ella, cuando su precio estimado estaba entre los 320.000 y 500.000 dólares.

Isabel Saco