El gobernante Partido Socialista Obrero Español se prepara para recibir un duro revés en las elecciones municipales y autonómicas del domingo, mientras sigue creciendo el descontento de un país ahogado por el desempleo y las pobres perspectivas económicas.

Las encuestas reflejan que el partido del presidente José Luis Rodríguez Zapatero podría perder auténticos bastiones del socialismo en Barcelona, Sevilla y la zona de Castilla-La Mancha, la vasta comunidad autónoma del centro del país.

El debate en unas elecciones locales suele girar en torno a la construcción de escuelas, calzadas, jardines de infancia y hospitales. Pero con un 21,3% de desempleo, un consumo estancado y la sensación de que la situación va de mal en peor, el voto parece más un ensayo general con vistas a las elecciones presidenciales de 2012.

"No hay más ciego que el que no quiere ver. La gente está pensando en votar en clave nacional", dijo Fernando González, de 58 años, y ahora desempleado. "La mayoría quiere echar a Zapatero del poder, porque piensan que va a llevar a España a la ruina".

Para Carlos Barrera, profesor de comunicación política de la Universidad de Navarra, en Pamplona, "el principal interrogante va a ser la magnitud de la derrota, que puede ser entre moderada o grande, con esos términos que están empleando algunos medios de hecatombe o cataclismo".

Zapatero, que no concurrirá a un tercer mandato en 2012, aprobó en los últimos años una serie impopulares medidas de austeridad para combatir y evitar una crisis de deuda como las que obligaron a Grecia, Irlanda y Portugal a solicitar un rescate financiero internacional.

"Las elecciones se han convertido en un plebiscito contra el gobierno socialista, debido a ese trasfondo de crisis económica grave", dijo Arantza de Areilza una investigadora de la escuela IE Business School de Madrid.

De momento, España parece haber espantado el fantasma del rescate, algo que no consuela excesivamente a la sociedad. Sobre todo a los más jóvenes, que soportan una tasa de desempleo superior al 40%.

"Trabajo en la empresa más grande de España: el desempleo", explicó Antonio Fernández, un madrileño de 52 años, que cada semana juega un billete de lotería para ver si la suerte le guiña un ojo en forma de dinero.

Existe además una sensación extendida de que los españoles tampoco están particularmente contentos con la oposición conservadora del Partido Popular (PP), y acusan a los grandes partidos de estar más pendientes de sus intereses y de pelear entre sí que de resolver las necesidades generadas por la crisis y el desempleo.

En la encuesta de abril del organismo público Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los españoles situaron a los políticos y los partidos políticos como el tercer gran problema de España, sólo por detrás del desempleo y la crisis económica en general.

Casi sin hacer ruido y con la única arma de las redes sociales, miles de personas se manifestaron el domingo en casi 50 ciudades del país para protestar contra del desempleo, la precariedad, los recortes sociales, los bancos, el sistema y la clase política en general, que, aseguran, ya no los representa.

Desde el martes por la noche, jóvenes y no tan jóvenes acampan en la céntrica Puerta del Sol de Madrid para continuar con el espíritu reivindicativo, en un movimiento conocido ya popularmente como la "revolución de los indignados".

En la cita del 22 de mayo, se celebran elecciones a los ayuntamientos y corporaciones de los más de 8.000 municipios de España. Además, se eligen los parlamentos y gobiernos regionales de 13 de las 17 comunidades autónomas que forman el país.

En el País Vasco, los expertos estudiarán con lupa los resultados de la coalición independentista vasca Bildu. La policía relacionó a algunos candidatos de Bildu con la organización proscrita ETA, pero la justicia descartó ese nexo y permitió a la formación acudir las urnas.

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El periodista de AP Daniel Woolls contribuyó a este despacho desde Madrid.